sábado, 28 de marzo de 2009

Sobre la Universidad de Carabobo y sus circunstancias actuales

A mis amigos que sienten que me he radicalizado, debo confesarles que estoy tratando de ser prudente. Debe ser que mi reacción ha sido muy dura, pero yo no puedo responder de otra forma. Siento dolor, indignación y rabia: dolor porque se trata de un ser humano, no me interesa cuáles hayan sido sus inclinaciones políticas; indignación porque esto era algo que todos sabíamos, tarde o temprano, nos tocaría de cerca y rabia porque me siento indefensa ante tanta pasividad.

Yo vengo de la universidad privada, donde no hay capuchas, ni violencia, ni nada: se va a estudiar y ya. La universidad autónoma, es otro mundo, donde las personas tienen la posibilidad de construir un espacio en el que confluyan diversas corrientes de pensamiento y creencias, eso es la UNIVERSIDAD. Las distintas expresiones se organizan en torno a un sistema de valores, donde las coincidencias tienen que ver con los procedimientos y el respeto por la norma, son las propuestas las que los diferencian. Esa es la universidad en la que yo creo.

De unos años para acá la realidad de mi universidad es otra: me he habituado a que con el sonar de las cornetas de los autobuses, salimos todos corriendo de nuestros salones antes de que llegue la “capucha” a sacarnos. Se hace costumbre que antes de un proceso electoral, las amenazas e intentos de saboteo se produzcan en las instalaciones universitarias. A muchos nos parecía inaudito que todos reconocen el problema, pero nadie hace nada para resolverlo.

En los dos últimos eventos electorales que hemos vivido: las elecciones rectorales de noviembre de 2008 y las elecciones decanales de marzo de 2009, hemos sido víctimas directas de la violencia intra-universitaria. Ya no se trata del miedo que tenemos de estar en nuestros salones de clase, por temor a que nos asalten, o salir al estacionamiento de profesores después de las 9 de la noche; se trata de la imposibilidad de hacer nuestra vida universitaria sin angustia ni sobresalto.

El día viernes 20 de marzo, en pleno cierre de campaña de la Prof. Mariella Abraham, fuimos atacados por unos sujetos encapuchados que nos rociaron de gasolina, portando armas de fuego, cortas y largas. El miércoles 25 de marzo, hacia el cierre de la jornada electoral fuimos interrumpidos por sujetos armados que irrumpieron en el edificio de la Faces, por lo cual tuvimos que realizar el escrutinio de las mesas, escondidos en nuestros cubículos profesorales.

Mientras esperábamos que se calmara la situación, un dirigente estudiantil me repetía: “ profe, tranquila que no va a pasar nada, no tenga miedo” Le respondí : “ ¿tú crees que puedo estar tranquila cuando fui rociada de gasolina por unos sujetos armados y tapados que pueden reconocer mi cara? Lo que no le dije a ese bachiller es que recién me informaban que habían asesinado a un estudiante…

A eso hemos llegado, a no sentir nada, a no sentir miedo, porque todo está “normal”. Es esa inercia, esa indiferencia, la que ha permitido esta tremenda pérdida del sentido institucional en nuestra universidad.

Creo que ha llegado el momento en que todos tomemos carta en el asunto, no podemos dejárselo a las autoridades nada mas, este problema es estructural, tiene raíces. Nosotros debemos formar parte de la solución y en este sentido es importante que las decisiones las tomemos todos los miembros de esta comunidad, porque es a todos a quienes afecta.