sábado, 4 de abril de 2009

EL 4F Y SUS REPERCUSIONES SOBRE EL LIDERAZGO NACIONAL*

(Este ensayo fue elaborado para la asignatura Antropología Política, en 1995, me parece interesante reflexionar sobre algunos aspectos planteados)


El estudio del fenómeno de liderazgo en Venezuela está íntimamente ligado al desarrollo de la historia política nacional, a la evolución de la nación, desde la Capitanía General hasta la República de Venezuela. El recurso del análisis histórico nos permite reconstruir las características de la cultura política del Venezolano en base a todo ese proceso.

En principio, es necesario partir de la condición de la identidad nacional, del sentimiento nacional del venezolano para poder establecer las características del liderazgo en nuestro país.

En Venezuela el liderazgo ha estado tradicionalmente vinculado a la noción del Caudillismo; en palabras de ELISA LERNER (1), el líder venezolano, más que líder ha sido un caudillo dedicado al “cultivo de una pequeña parcela...” con poca preparación. No se trata de un liderazgo en el sentido estricto del ejercicio de la conducción dirección e influencia sobre los demás miembros de un grupo humano; no ha estado basado en la encarnación de un “modelo”, ha sido más bien el desarrollo de un patrón de caudillismo regional que data de la época de la colonia y que se mantuvo a lo largo de la Guerra de la Independencia y de las Guerras Civiles, consolidándose hacia finales del siglo pasado y principios del presente.(2)

Es difícil precisar la estructura de nuestra identidad nacional, cuando nuestra historia ha estado condicionada por el fenómeno de la ruptura, de la discontinuidad con el pasado. Nuestro país es un país sin memoria (3) al que le fue arrebatada la herencia aborigen para imponerle la cultura ibérica del colonizador. Sobre esta base tan débil es difícil construir un auténtico liderazgo, es improbable que pueda surgir un líder con las características teóricas que le deben acompañar: autoridad moral, capacidad para dirigir e influir sobre las masas, poder de convocatoria.

Cuando Elisa Lerner habla de nuestro líderes que cultivan una pequeña parcela, se refiere a que no ha sabido ejercer lo que es un verdadero liderazgo, asumir lo que significa la conducción de un pueblo, es decir, que ha sido insuficiente su desempeño porque ha estado orientado hacia la satisfacción de fines egoístas, ajenas a las necesidades de un colectivo. Por otra parte, nuestra condición económica de país dependiente, ha permitido que en el escenario del ejercicio político del poder, intervengan fuerzas no nacionales que han influido directamente en el liderazgo local, (esto con referencia a las actividades de transnacionales quienes reclutan dirigentes políticos con el fin de proteger sus intereses).

La escasa conciencia de una identidad nacional, el débil sentimiento producto de esa reducida memoria de la que hablábamos, nos obliga a reconocer que no tenemos un proyecto nacional (valores, motivaciones) que defender o por el que luchar, lo cual determina que nuestros líderes no posean un fundamento ideológico real (4) , con las excepciones de estadistas como Betancourt y Caldera, honrosas por demás, que logre cohesionar a la sociedad tras de ellos.

Nuestra historia política reciente, luego de la caída de Pérez Jiménez, ha presentado un canon para el ejercicio de la conducción política. Los dirigentes que conforman la generación creadora de la democracia venezolana, esa generación del 28 que lucho contra Gómez y que luego enfrentó a Pérez Jiménez, se convirtió en el modelo a seguir y ellos mismos establecieron cuáles serían las reglas del juego. El liderazgo que emergió del 58 ha mantenido desde entonces, el discurso que los califica como mártires de la democracia; que fueron sus sacrificios y sus luchas contra los dictadores, lo que permitió que se pudiera construir un régimen democrático en nuestro país.

Semejantes recursos no pueden conferirle al liderazgo venezolano otra connotación que no sea la de un notorio personalismo, es decir, que se mantiene la tendencia hacia la supremacía de una individualidad, de condiciones únicas, que se traduce en caudillismo.

Este ha sido el escenario desde 1958, con las variantes que haya podido producir la renovación de la dirigencia política nacional, más no de la inspiración que los mueve, pues los jóvenes políticos presentan las mismas o casi iguales características; lo que cambian son sus caras.

Las carencias de una errada conducción política y la gravedad de una insana economía fueron conduciendo al país a una inevitable crisis conyuntural, donde el logro de los objetivos fundamentales de la sociedad comenzaba a hacerse prácticamente imposible. Las bases de la nación: relaciones económicas, políticas, culturales e ideológicas comenzaban a agrietarse degenerando en una crisis estructural.

El país perdió la brújula luego de que disminuyeron los ingresos extraordinarios (petrodólares); el Estado que había crecido en forma desproporcionada colapsó al no poder satisfacer las demandas de una población que cambió sus costumbres a la luz de un mundo irreal y superficial, que le fue impuesto bajo la creencia de que “todo es posible”.(5)

La inestabilidad económica, la ausencia de liderazgo, la ineficiencia del Sistema Político, la depauperación del nivel de vida, la inseguridad colectiva, las fallas de los servicios públicos, comenzaron a conformar una bomba de tiempo que estalló en Febrero de 1989 con el descontento social y que tres años después, el 4 de Febrero de 1992, alcanzó su punto máximo con la primera intentona golpista.

La acción del “Movimiento Bolivariano Revolucionario 2000” modificó por completo el momento histórico político que se estaba viviendo en el país, pues aparece la figura de HUGO CHÁVEZ, cambiando el rumbo de los acontecimientos. El “4-F” marca el inicio de una nueva etapa en la vida democrática venezolana; quizás representando la última oportunidad, pues está en juego la permanencia del sistema político.

La globalización de los conflictos que aquejaban al país, la violación sistemática de algunos preceptos consagrados por el Estado de Derecho, la represión, la crisis económica, condujeron a la creación del MBR-200 en 1983, por parte de un grupo denominado COMACATE (Comandantes o Tenientes-Coroneles, Mayores, Capitanes y Tenientes). El objetivo del movimiento, que nace el año del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, “no era de carácter político... Allí se formó el semillero de un movimiento esencialmente democrático... descubrimos al maestro Simón Rodríguez y al líder Simón Bolívar y al guerrero Ezequiel Zamora”.(6)

Inicialmente el MBR-200 se planteó realizar un estudio de la situación político-social de la nación, “El MBR-200 es nacionalista en cuanto propone un auténtico Vuelvan Caras, un profundo rescate de nuestra identidad, a través de la puesta en marcha de una política de consolidación nacional”.(7) Bajo esta bandera el movimiento liderizado por el Comandante Chávez se rebeló ante la autoridad legal, a quien con su acción le restó la poca legitimidad que le quedaba.

Luego de los sucesos de Febrero de 1992 y del posterior intento golpista del 27 de Noviembre del mismo año, la figura de Hugo Chávez se fue convirtiendo en la de líder de la población; no sólo arrasen los estratos sociales más bajos de la pirámide social, sino que provocó la admiración de las capas intermedias de la sociedad. Los más variados intelectuales, artistas, figuras públicas, se pronunciaron para alabar las virtudes y excepcionales cualidades de Chávez.

Fue en ese momento, reflejo de la imagen todavía latente del “por ahora” televisado, que se le reconoció como líder, aquel que fue entrevistado por Laura Sánchez del EL NACIONAL en los días posteriores a la intentona, de manera transgresora, violando toda disposición oficial y burlando la autoridad del líder del tercer mundo.(8)

La actitud de Hugo Chávez contrastó con la del entonces Presidente de la República. Su imagen destronó definitivamente a Pérez enviándolo al rincón más olvidado de la historia, cediéndole su lugar al Comandante. El fenómeno Chávez arrastró a todos, bien de acuerdo con él o enfrentándolo, pero lo único cierto es que su acción no le fue indiferente a nadie, pues fue ganándose un espacio en la escena política nacional, convirtiéndose en ese líder que lucía ausente.

Un líder es aquella figura que logra conducir, dirigir, guiar a un grupo humano con el propósito de alcanzar objetivos comunes. El líder tiene poder, pero es preciso tener claro que no todo el que tiene poder es líder.(9) El hecho de que Hugo Chávez, al mando de la operación clave, asumiera la responsabilidad de toda la acción, no sólo reflejó poder sino que le confirió una imagen moral que nadie en ese sentido se había ganado hasta entonces, en un país donde no se es responsable de nada. Allí nació el fenómeno de Chávez que fue conformado su liderazgo circunstancial.

Las razones para catalogar a Chávez como un líder circunstancial se originan en la naturaleza de su liderazgo. Es cierto que su mensaje llega a las masas, que estas lo siguen, pero es preciso examinar el carácter de su liderazgo y de su mensaje.

Las características de Hugo Chávez se inscriben con facilidad en las categorías de liderazgo carismático populista que señala Gustavo Martín. “El populismo es moralista; es un movimiento, no un partido el que acompaña al líder; la ideología es imprecisa; se opone al orden establecido; busca la unidad nacional; si participan militares, son de graduación media; es nostálgico; posee una base popular; no tiene una doctrina propia; son nacionalistas y se trata de un liderazgo carismático populista”.(10)

Ante todo lo dicho por Martín, es justo ubicar a Chávez bajo este esquema. Su discurso se maneja en el terreno del nacionalismo, sus apelaciones se basan en el patriotismo que considera como el recurso para recuperar el sentido de nación que hemos perdido.

El liderazgo de Chávez surge en el momento más crítico de la historia política contemporánea; ante tanta indiferencia oficial, ante la incapacidad de una dirigencia política, surge el Comandante como la válvula de escape, como ese elemento cohesionador que toda masa descontenta necesita para no desbocarse. El pueblo venezolano había estado huérfano de un guía, y en medio de la coyuntura, encontró en Chávez esa figura de apoyo que tanto necesitaba. Fue su valor para llamar a las cosas por su nombre, y declarar que su movimiento reflejaba el clamor de la mayoría de la población, lo que ha venido convirtiéndose en ese líder que reclamaba el país.

Ahora habría que profundizar en el rol que Hugo Chávez está cumpliendo, en el contexto de un Sistema Político que no satisface las demandas de la población. El está llenando un vacío que nadie había podido ocupar, no por falta de ambición, sino de condición. Su figura parecería estar devolviéndole al pueblo fe y confianza en sí mismo, porque Chávez es reflejo de su pueblo y tiene una elevada autoestima, cosa de la que hemos carecido siempre.

La duda radica en que ese liderazgo circunstancial pueda transformarse en algo permanente, en que Hugo Chávez sepa encarar el futuro y pueda soportar el peso de la responsabilidad que significa servir de ejemplo para una población que no ha tenido buenos modelos.

El reto que se le presenta a Chávez tiene varios horizontes. Debe ordenar su planteamiento político de manera de darle consistencia ideológica; actualizar su discurso de manera que las mentes receptoras de su mensaje bolivariano sean capaces de descifrarlo en el contexto del mundo que vivimos hoy, pues es preciso que en el manejo de las nociones de nacionalismo, si se quiere moldear la conducta política del venezolano, se evite llegar a los extremos del fanatismo; finalmente, es necesario que desista de jugar al caos, con pensamientos escandalosos, pues ser profeta del desastre lo aleja de ese papel catártico que inicialmente nos había planteado, el queremos liberar de esa imagen del dirigente político falso y demagogo que sólo conocíamos y que él manifestaba ser la antítesis.

Sería absurdo negar la influencia de la imagen de Hugo Chávez, sobre algunos sectores de la población y es que, definitivamente ha llegado a convertirse en la respuesta a muchas necesidades que se relacionan con esa carencia de un pasado coherente y con la falta de verdaderas referencias que nos permitan alcanzar la cohesión que en toda nación debe privar a la hora de enfrentar retos.

En Chávez reconocemos al venezolano que practica un culto patriótico de veneración a las raíces bolivarianas y de cumplimiento del deber, hechos a los cuales no hemos estado acostumbrados; pero también se nos presenta con debilidades, lógicamente propias de todo ser humano, pero que si se quiere ser conductor de masas, es preciso corregir, de manera que pueda ofrecer un auténtico liderazgo.

Es muy cierto que Hugo Chávez no reúne todas las condiciones que teóricamente debe poseer un líder (anteriormente hemos señalado el carácter de su liderazgo), pero ante las pocas opciones a las que hay lugar, luce quizá como el más apropiado en este momento de coyuntura, asumiendo una responsabilidad que le confiere valores desconocidos por nuestros dirigentes.(11)

Finalmente debemos reconocer que no estaba en los cálculos, ni del MBR-200 ni de Chávez, la popularidad que desató su figura, porque de lo contrario se hubiese preparado una plataforma más sólida para su proyección, notándose que fue un hecho completamente inesperado, teniendo que construir sobre la marcha. Su permanencia en la escena política venezolana dependerá de su preparación y de la capacidad de interpretar las necesidades y expectativas de sus seguidores, de lo contrario estará destinado a ser un fenómeno político pasajero.

1 LERNER, Elisa. VENEZOLANOS DE HOY EN DÍA: DEL SILENCIO POSTGOMECISTA AL RUIDO MAYAMERO. Pág. 4 en EL CASO VENEZUELA.

2 MAZZEL, Jesús. EL ROL DEL LIDERAZGO EN LA CRISIS POLÍTICA. Pp. 6-8

3 LERNER, Elisa. Ídem.

4 esto es si atendemos el planteamiento de la dificultad de construir un verdadero liderazgo con las condiciones que nos rodean, de la ausencia de un pasado coherente.

5 CABALLERO, Manuel. LAS VENEZUELAS DEL SIGLO VEINTE. Pág. 190.

6 ZAGO, Angela. LA REBELIÓN DE LOS ANGELES. Pág. 22.

7 Ibidem. Pág. 48

8 se quiere señalar el efecto arrollador que provocó Chávez, a diferencia de los otros Comandantes, para llegar hasta esos extremos de audacia con el fin de conocer sus ideas y opiniones.
9 MAZZEL, Jesús. Op. Cit. Pág. 8.

10 MARTÍN, Gustavo. ENSAYOS DE ANTROPOLOGÍA POLÍTICA. Pp. 149-156.

11 Recordemos el discurso del entonces Senador Vitalicio Dr. Rafael Caldera ante el Congreso de la República el día de la intentona golpista de 4-F, donde señalaba las virtudes de los Comandantes al desechar las apreciaciones de ciertos políticos que llegaron a calificarlos de mercenarios.

* Publicado en la revista PRINCIPIA. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado Año 2 - Nº 3. Octubre 1995.