martes, 12 de enero de 2010

SE SOLICITA GERENTE: interesados preguntar por Venezuela.

En 1995 mi trabajo de grado fue sobre la crisis hegemónica del Estado Venezolano. En las conclusiones quedó claramente establecido que entre otros factores, la continua intromisión de los partidos políticos en la institución militar generó un profundo malestar que condujo a la acción de los golpistas. Cuando el Sr. Chávez en la campaña prometía borrar del mapa a adecos y copeyanos pensé que estaba errado, porque el problema no eran los partidos sino la conducta de su dirigencia.

No creo haberme equivocado desde un principio con este individuo, en el año 1994 en un ensayo sobre antropología política, sostuve que Chávez entraba en la categoría de líderes carismáticos populistas de la que habla Gustavo Martín, añadiéndole el calificativo de demagogo. El tiempo me ha dado la razón.

El relación al contenido ideológico del chavismo, es evidente que este grupo tan heterogéneo no comparte un pensamiento político definido, allí hay gente tanto de derecha como de izquierda, porque son los mismos adecos y copeyanos que tanto adversa quienes conforman su movimiento político. Ese fue el reducto que encontraron muchos de los desechos políticos que a lo largo del bipartidismo no tuvieron cabida.

El chavismo es en su esencia un movimiento revanchista, en él se sumaron todos aquellos que no pudieron sacarle provecho a la democracia puntofijista. Eso lo creo firmemente. De otra forma no me explico cómo tanta gente ha acompañado esta irracionalidad, que más que gobierno es desgobierno, que tiene una inmensa capacidad destructiva pero que no encuentra forma alguna de crear, de construir.

El chavismo ha sido efectivo en el desmontaje del bipartidismo, pero ha sido tremendamente incapaz para mostrarse constructivo, porque esa no ha sido nunca su intención. Tenemos a un individuo que se considera el principio y el fin, que no concibe al país fuera de sí mismo, por eso habla de virtualidad, porque no hay nada después de él.

Es imposible el diálogo con un ser que desprecia a quien piensa diferente, que no acepta nada que se oponga a sus deseos, porque además sus decisiones reflejan sus malacrianzas y caprichos y no la racionalidad o criterio de un gerente que es lo que debe ser un presidente.

Debemos comenzar a pensar si lo que queremos es otro incapaz que nos humille o si estamos convencidos que necesitamos un gerente que administre este país. Estamos en una etapa decisiva y no podemos esperar el momento crucial para tomar decisiones, es urgente que suscribamos un pacto de convivencia porque nuestro país está sumamente maltratado, aprendamos de los errores que todos hemos cometido y vamos a acordar cómo vamos a establecer nuestro sistema político, nuestras reglas de juego para la vida política, de manera que le cerremos la posibilidad a cualquier otro chávez, porque lo peor no es lo que estamos viviendo, sino lo que se pueda repetir. Vamos a asegurarnos que ésta sea la última vez.

DESAFÍOS AL SISTEMA POLÍTICO VENEZOLANO

La encrucijada que vive nuestro país, exige que en medio de la coyuntura, tomemos tiempo para reflexionar sobre las debilidades de nuestro sistema político y las razones que han lo han conducido a su crisis terminal.

En palabras de Robert Dahl, un sistema político es un conjunto estable de relaciones humanas que implican, en medida significativa, relaciones de poder, de gobierno o de autoridad. En esta articulación de relaciones, se produce lo que David Easton denomina, una asignación autoritaria de valor.

Los problemas específicos de los sistemas políticos tienen que ver con la expresión de sus demandas, la reducción de las exigencias, el problemas de los apoyos y los mecanismos de evaluación.

El Sistema Político Venezolano (SPV) resume , en gran medida, las transiciones políticas de nuestra historia. Para profundizar en la crisis política venezolana, debemos reconocer las condiciones en las que se inició la democracia en Venezuela.

En medio de una enorme inestabilidad política, el trienio de 1945-1948 representa el primer ensayo democrático de Venezuela, a través de unas elecciones directas, en un país que durante más de un cuarto de siglo, había padecido una abominable tiranía.
Sin embargo, este ensayo democrático sufrió una interrupción autoritaria, por parte de los mismos militares que expulsaron del poder a Medina Angarita en el 45. Durante los siguientes diez años, nuestro país de nuevo vivió una terrible dictadura, esta vez “modernizadora”, pero no por ello, menos cruel.

En el año 1958 los principales actores del SPV, en evidente acto de madurez, suscriben el Pacto de Puntofijo, para fijar las bases del modelo democrático venezolano. Las experiencias del pasado, dejaron claro que la hegemonía política, representaba el principal obstáculo para la consolidación de un régimen de libertades.

Este acuerdo, significaba la fijación de las reglas del juego político, en lo que habría de ser un compromiso por preservar la estabilidad del naciente sistema.

Las condiciones económicas del país, al convertirse nuestra renta petrolera en el factor dinamizador, facilitaron la configuración de un modelo de relaciones de Estado, que entre otras, consolidó el Sistema Populista de Conciliación de Élites, definido por J.C. Rey como el entramado de una pluralidad de intereses sociales, económicos y políticos, que apoyándose en la abundancia de recursos económicos, un por entonces, bajo nivel (simplicidad) de las demandas y la capacidad de las organizaciones políticas (partidos y asociaciones civiles) para canalizar las demandas, permitieron una significativa etapa de estabilidad política.

Ahora bien, la crisis del modelo rentista, en el que el petróleo ha sido la principal actividad productiva y la única fuente rentística, generó serios cuestionamientos hacia un Estado hiperactivo (Estado de Bienestar) que como rasgos característicos, subsidiaba, intervenía, protegía y regulaba, mediante mecanismos utilitarios que estimularan la adhesión de la sociedad al sistema, para luego evolucionar hacia mecanismos valorativos.

Esta aspiración fue truncada, entre otras razones, por la cultura clientelar instaurada, gracias a la consolidación de la partidocracia en sustitución del Estado de Partidos, definido por A. Brewer-Carías.

Las primeras señales de alarma, tiene lugar en 1989 y 1992. La explosión social de febrero y marzo de 1989, conocida como el “Caracazo” fue el comienzo de una serie de eventos de gran significación política. Para febrero y noviembre de 1992, la crisis política era inocultable.

Las reacciones del SPV fueron más bien tímidas, ante la magnitud del problema en gestación. El proceso de Descentralización Político-Administrativa iniciado en 1989, fue interpretado como una reacción, una medida ante el impacto de la crisis política.

La realidad resultó ser mucho más compleja de lo que la clase política venezolana estimaba. Ello explica la crisis de representatitividad, pues la sociedad ha interpretado que su dirigencia política ha sido superada por sus demandas.

En 1993 ocurre el detonante de la crisis terminal del SPV, al producirse la ruptura del bipartidismo y un aumento considerable de la abstención como manifestación política. De allí al fenómeno chavista fue sólo un paso.

Un balance preliminar arroja datos significativos:
1.- El no haber redefinido el modelo socioeconómico, permitió que la nación concibiera al Estado como un ente proveedor, sin que pudiera consolidarse una verdadera cultura de trabajo productivo.
2.- El Estado asumió tan diversas y complejas responsabilidades, que hasta la felicidad, es un mandato constitucional. Cuando su incapacidad para procesar o satisfacer demandas se vio comprometida por la insuficiencia de recursos, en lugar de estimular la diversificación de la economía, profundizó su intervencionismo (a pesar del proceso privatizador emprendido) al regular el proceso económico, implementando medidas, sin considerar las políticas sociales complementarias.
3.- Los partidos políticos asumieron un rol mediatizador, desconociendo que la sociedad venezolana, había madurado políticamente, que ya no necesitaba de tutelaje, sobrepasando a la clase política criolla.
4.- La sociedad comenzó a cuestionar la democracia, interpretando que el sistema político comprometía el modelo. Eso fue lo que estimuló una suerte de “coqueteo” con fórmulas autoritarias, justificándolo en la necesidad de disciplinar el ejercicio del poder.
5.- El daño hecho a la idea de la democracia, como una forma de vida, producto de los abusos de la clase política tradicional, exige una nueva interpretación de la representatividad política.

Crisis de Gobernabilidad

Cuando Hugo Chávez apareció en la escena política venezolana, no fueron pocos los que saltaron de la emoción: intelectuales, profesionales y por supuesto el pueblo. Existió una sensación de admiración tremenda, por que al fin hubo quien señaló directamente y sin temor alguno a quiénes eran considerados como culpables de la crisis de nuestra democracia.

Uno de los ángulos más interesantes de la justificación de la intentona golpista del 4F de 1992 fue precisamente la intromisión de los partidos políticos en la institucionalidad militar. Para las Fuerzas Armadas era aberrante depender de las cúpulas partidistas al momento de los ascensos.

La penetración de los partidos políticos en la institución militar, fue entre muchos otros motivos relacionados con la gobernabilidad, un factor decisivo para que los militares se decidieran a atentar contra un gobierno legalmente constituido, producto de un proceso electoral absolutamente lícito, que posteriormente al ser cuestionado en su legitimidad, fueron activados mecanismos institucionales y constitucionales, para resolver la inestabilidad en que degeneró dicho régimen.

La ausencia de gobernabilidad la venimos padeciendo desde hace mucho tiempo. La consolidación de la democracia venezolana se produjo como consecuencia de un pacto entre las fuerzas políticas y sociales luego de la caída de Pérez Jiménez: el Pacto de Puntofijo. Debido a las amargas experiencias de la dictadura, la clase política venezolana entendió que sólo unidos bajo unas reglas de juego claras, era posible echar a andar la democracia en nuestro país.

Sin embargo, la posterior ruptura del pacto, nos llevó a la conformación de un modelo político donde el bipartidismo nos condujo por un embudo a un sistema de conciliación de élites, bajo cuya estructura, el clientelismo político y el populismo pasaron a ser las características predominantes del sistema político venezolano.

La institucionalidad se resintió, inevitablemente. Los partidos acordaban los cargos más importantes, el Fiscal General de la República (aun cuando era una regla no escrita que el Fiscal General no fuese un representante del partido de gobierno), el Contralor General de la República, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, según cuotas, llegando a lo más insólito: ¡se debatían las fichas correspondientes a las corrientes internas de cada partido¡

Esto nos llevó a un quiebre de la institucionalidad, que se manifestó en la poca confiabilidad en la democracia como régimen de gobierno.

El deterioro fue aumentando porque la sociedad no encontró los canales de participación -secuestrados por los partidos políticos- que le permitieran manifestar su posición, resignándose a un papel intermitente en cada elección nacional, regional y local.

Los esfuerzos de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), por ofrecer la visión de un país moderno al que podíamos aspirar, fueron quizá la oportunidad más clara de apostar a un cambio, sin embargo faltó la voluntad política de ejecutarlos.

El comienzo del fin lo marcó la ruptura del bipartidismo con la reelección de Rafael Caldera. El paso siguiente con toda lógica, fue el triunfo de Hugo Chávez, pues en ello se resume el desprecio del país por una clase política corrompida por el poder.

La llegada de Chávez a la primera magistratura nacional generó amplios temores y expectativas. Para muchos fue un castigo, para otros la esperanza de un cambio. Hoy estamos ante un enorme fraude, pues para uno y otro sector, el balance debería ser el de una transformación política a la que llaman proceso, que consiste en la destrucción de un sistema político para sustituirlo por un modelo por el que se debaten algunos en calificarlo de revolucionario, autoritario, facista o castro-comunista.

Aquellos que creen en el llamado proceso lo interpretan como la posibilidad de darle al pueblo el poder de decisión. Los que lo critican señalan su compromiso con la implantación de un régimen totalitario.

Si atendemos a la realidad de los hechos, Hugo Chávez comenzó por repudiar la Constitución de 1961. Con una tenacidad incuestionable, nos condujo a una serie de procesos de consulta que parecían interminables: el Referéndum Consultivo del 25-04-99, el Referéndum Aprobatorio del 15-12-99, las Elecciones Presidenciales de 2000, las Elecciones Municipales y el Referéndum Sindical.

Hasta ese momento estaba operando el desmontaje de una estructura de poder que hacía inviable la implantación de su proyecto político. Su promesa era que una vez culminada la fase política, comenzaría inmediatamente la económica.

Sin embargo, en el transcurrir de la etapa política, el presidente fue arremetiendo contra algunos sectores con tal contundencia que, los medios de comunicación social, otrora factores importantes en su proyección victoriosa, pasaron a ser enemigos del proceso.

Por supuesto, que en el camino se fueron quedando los partidos políticos, dejando a la sociedad a merced del proyecto revolucionario. Los resultados electorales daban cuenta de una tremenda incapacidad de respuesta por parte de los sectores contrarios al proceso, no en balde opinaban algunos analistas que Chávez necesitaba con urgencia de una verdadera oposición.

Una vez alcanzado el soporte institucional y constitucional, todos esperábamos la activación de la propuesta económica. Sin embargo, los planes de desarrollo parecían inexistentes frente a la enorme atención que recibía el Plan Bolívar 2000, que era el centro de las políticas públicas desplegadas por el gobierno. No tardaron en aparecer denuncias de malos manejos de los recursos destinados a dicho plan. Con ello quedó al descubierto la poca voluntad del gobierno de hacer buena su palabra de luchar contra la corrupción.

Las debilidades del gobierno para conducir el Estado eran evidentes: el desempleo fue en aumento, la ausencia de incentivos para la inversión privada, la inexistencia de políticas públicas coherentes, la inseguridad personal y jurídica, fueron configurando un panorama sombrío para un verdadero cambio.

Los antagonismos se fueron acentuando con la promulgación de un conjunto de leyes en el marco de la Ley Habilitante, que en algunos casos se llegaron a interpretar como violatorias del derecho a la propiedad privada.

La falta de instituciones independientes comenzó a ser más que una presunción. El poder legislativo operando como una aplanadora; el poder judicial respondiendo a los intereses del ejecutivo, el poder ciudadano con representantes del presidente y el poder electoral como apéndice del gobierno.

La fragilidad institucional fue profundizando la brecha entre quienes defienden el proceso y quienes lo adversan, sin embargo no fue sino hasta 2001 que se comenzó a formar un frente opositor: el decreto 1011 sobre la Supervisión Educativa marcó el inicio de movilizaciones de la sociedad civil contra acciones concretas del gobierno.

Hacia finales del año la voluntad de luchar contra lo que se consideraba como acciones inconstitucionales del gobierno se manifestó con el primer paro cívico nacional del 10 de diciembre, luego vendrían otras movilizaciones, como la del 23 de enero de 2002, emblemática por ser la primera gran demostración del músculo social opositor.

En el marco del segundo paro cívico nacional convocado por la oposición, sucedieron los hechos de abril que todavía hoy conmocionan al país. En este escenario los acontecimientos se desarrollan con tal velocidad que se despide a unos altos ejecutivos de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), líderes del paro petrolero, se comete una terrible matanza de manifestantes el 11 de abril, el ejército desconoce la autoridad del Presidente Chávez, se nombra un Presidente Interino, Pedro Carmona Estanga, se produce una ruptura del hilo constitucional al disolverse los poderes y se devuelve a la Presidencia a Hugo Chávez.

Estos hechos llevaron al gobierno y a la opinión pública internacional a catalogar a la oposición como golpista. Los países latinoamericanos condenaron los hechos, EE.UU. y España reconocieron al gobierno interino velada o abiertamente, por lo que fueron señalados como cómplices.

La oposición se vio sola y a la deriva, pues remontar esa cuesta iba a ser muy difícil. Sin embargo, el gobierno ha sido errático para aprovechar el viento a su favor, pues aun cuando la opinión pública internacional se niegue a aceptarlo, este gobierno tiene un dossier de violaciones a los derechos humanos, a la constitución y las leyes, que tarde o temprano, tendrán que ser reconocidas: medios de comunicación y periodistas con medidas cautelares por parte de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), asesinato de los manifestantes del 11A, ajusticiamientos por parte de cuerpos de seguridad del Estado, asesinatos de la Plaza Altamira, agresiones a manifestantes por parte de efectivos militares.

Es difícil para otros países comprender cómo un presidente electo de forma legítima puede desarrollar su mandato de manera ilegítima. La respuesta puede estar en la naturaleza de su proyecto político.

En 1992 Hugo Chávez decía que la tragedia de Venezuela era la terrible manipulación de los partidos políticos de las instituciones. Nuestra realidad hoy día es mucho más grave, pues ya no son los partidos políticos los que tienen el monopolio del poder en nuestro país, sino que éste se concentra en las manos de un solo hombre: el Presidente de la República.
Gracias a una muy hábil técnica matemática, la Asamblea Nacional (AN) quedó en manos del gobierno, de tal forma que quien legisla es el Ejecutivo. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) tiene una mayoría claramente identificada con el gobierno, para quien sentencia. El Poder Ciudadano tiene en el Fiscal General de la República al primer Vicepresidente Ejecutivo de la República; el Contralor General de la República, no encuentra delito alguno, si se trata de funcionarios del gobierno y el Defensor del Ciudadano, quien vergonzosamente es calificado de “defensor del puesto”.

¿Dónde quedaron las críticas al modelo político venezolano que mediatizaba la voluntad de la sociedad? El vehículo de participación política de este proceso pareciera ser los llamados Círculos Bolivarianos, que para algunos sectores, son el brazo armado de la revolución.

¿Cómo interpretar la subordinación de todas las esferas de la vida pública nacional a los intereses del proyecto político del presidente? Recordemos los intentos por intervenir la Universidad Central de Venezuela (UCV), la arremetida contra el sector de la Cultura Venezolana, los intentos por romper con el modelo organizacional de PDVSA y el más grave de todos, la conversión de la Fuerza Armada Nacional (F.A.N.) en un ejército al servicio del proyecto político del presidente.

¿Cuál es la diferencia con el modelo puntofijista? ¿Qué beneficios le ha traído a la nación estos cuatro años de gobierno revolucionario? ¿Qué cambios se han operado para mejorar las condiciones de vida de todos los venezolanos?

Si hay algo positivo de toda esta crisis es que los venezolanos han reconocido que no son otros lo que deben participar para decidir el rumbo del país, la abstención quedará en el recuerdo; que no se trata de esperar por el mesías porque en cada venezolano hay un líder en potencia, todos los días se demuestra que este es un pueblo valiente y luchador, ¿por qué esperar por un salvador?

La lucha por recuperar espacios de coexistencia pacífica seguirá hasta demostrar que sólo mediante el consenso, el reconocimiento del otro y el respeto hacia el disenso, sean la base de la convivencia nacional.

El futuro político de Venezuela está signado por la participación activa de la sociedad, en todos sus niveles y expresiones; va a ser muy difícil devolver a la gente a sus casas, pues de ahora en adelante, la sociedad política deberá aceptar que la sociedad civil va a compartir espacio y responsabilidades que antes le eran negados. Los errores y aciertos del futuro no serán exclusividad de la clase política. Ahora Venezuela se dirige hacia la construcción de una nueva nación, el parto está cercano, ¡a prepararse para ese alumbramiento con fe y esperanza¡

María Isabel Puerta Riera
26-12-02

#VeDebate: María Isabel Puerta @Maripuerta

#VeDebate: María Isabel Puerta @Maripuerta

lunes, 11 de enero de 2010

La culpa es tuya

Editorial
Diario Tal Caual
11-01-2010


Teodoro Petkoff

La gente no necesita de sesudos y técnicos análisis económicos. Las colas inmensas ante las tiendas de electrodomésticos fueron más que elocuentes el fin de semana. Todo el mundo sabe que devaluación es sinónimo de subidas escandalosas de precios así que una marabunta salió a comprar lo que pudiera a precios viejos. Ya somos veteranos de devaluaciones. No es este nuestro primer Viernes Negro. Ya también sabemos lo que viene: un costo de vida que nos hará sudar petróleo para poderlo cubrir.

Chávez no tiene excusas. Ha sido su disparatada política económica la que lo ha obligado a devaluar. Ha devaluado después de cinco años de la mayor bonanza petrolera del siglo, durante los cuales entraron al país miles de millones de dólares, pero pésimamente manejados. No puede escudarse en que heredó una crisis fiscal creada por “gobiernos anteriores”. El suyo ya es dos gobiernos anteriores y pico. Los problemas fiscales que tiene los parió él mismito.

No puede alegar que se quedó sin reservas internacionales, porque hay 35 mil millones de ellas. La recesión económica es suya-suyita. El Gran Charlatán decía que estábamos “blindados”. Pero el blindaje no resistió los efectos del Plan de Destrucción Nacional que adelanta Chacumbele. La economía venezolana cayó 2,9% en 2009 pero la mundial sólo en 1,1% y la latinoamericana en 1,8%. Nuestro desempeño económico fue mucho peor que la media mundial y que la media del continente. Todos las tonterías que condujeron a esta devaluación brutal llevan, pues, su exclusiva marca de fabrica. Esta devaluación es made in Miraflores. Inflación, recesión y ahora devaluación, darán más inflación y más recesión.

Estanflación llaman esto los expertos. Estancamiento más inflación. ¡Qué revolución más bonita! Devaluaron tarde y mal. ¿Por qué lo hicieron, entonces? A nadie han engañado. El gobierno necesita plata y nos la va a sacar del bolsillo, clavándonos el peor impuesto, la inflación.

Cada dólar petrolero le producirá ahora 4,30 y no 2,15.

Duplica sus ingresos. Más plata para derrochar y para financiar su campaña electoral.

Presiones adicionales sobre los precios. La falacia de que nuestro salario mínimo era el mayor de América Latina se volvió pupú. A 2,15 claro que lo era, pero no a los 6 o 7 del dólar permuta ni a los 4,30 de ahora. Tendremos un año de fuertes presiones salariales porque la carestía de la vida, que ya es insoportable, será peor. Costos más caros, por tanto, y más gasolina para la inflación. Pero no se atreven a decir la verdad. Engañan al pueblo a pura coba. Ahora, esto y que es para estimular las exportaciones. ¡Por favor! ¿Nos creen estúpidos? Después de once años de predicar “crecimiento endógeno” (sustitución de importaciones), súbitamente descubren que de lo que se trata es de exportar, o sea, “crecimiento exógeno”. El inefable profesor Giordani nos dice que se “busca hacer más competitiva la economía venezolana, al promover las exportaciones”. Tarde piaste pajarito. Once años destruyendo el aparato productivo, con exportaciones no-petroleras que llegaron el año pasado escasamente a un poco más de 3 mil millones de dólares, y ahora nos vienen con el cuento de que la mera devaluación lo va a sacar del hoyo. Esta no basta para superar el desastre de las empresas estatales exportadoras arruinadas ni el de las privadas en la lona.

Dejaron sobrevaluar el bolívar hasta extremos demenciales, manifestación típica del rentismo, y se gastaron una bola de dólares para aplastar la tasa paralela sin lograrlo, y ahora Chacumbele nos sermonea con lo de superar la “economía rentista”. ¡Vaya pa’l carajo!