jueves, 25 de octubre de 2012

DEMOCRATIZACIÓN DE ESPACIOS PÚBLICOS Y CAMBIO INSTITUCIONAL: LOS CONSEJOS COMUNALES EN VENEZUELA



INTRODUCCIÓN

El proyecto político descrito en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 (CRBV), incorpora el concepto de la democracia participativa y protagónica, en el que los ciudadanos, además de derechos, tienen deberes en el desarrollo de la democracia. En la Ley Orgánica de Consejos Comunales, su artículo Nº 2 señala que éstos representan instancias de participación dirigidas a procurar la articulación e integración de organizaciones comunitarias, grupos sociales y ciudadanos, para incidir en la gestión de las políticas públicas destinadas a satisfacer necesidades comunitarias, con el propósito de construir una sociedad de equitativa y con justicia social. Ello requiere de un proceso de formación y creación de capacidades, tanto para el Estado como para la sociedad, representando un verdadero cambio paradigmático.

En estos momentos, el interés de los investigadores en el área de los problemas socio-políticos en Venezuela, es abordar el planteamiento que encarna del Poder Popular, en una aproximación al nuevo modelo político que se está desarrollando en Venezuela. Esta es sin duda una temática de gran interés desde el punto de vista académico y de gestión, debido no solamente a la novedad sino a las posibilidades de éxito que representa un cambio institucional de ésta naturaleza. Debido a que se trata de un proceso en marcha, el desarrollo de los consejos comunales como mecanismo de participación y decisión pública representa un objeto de interés permanente. En esta lectura, se aborda el tema de los consejos comunales desde la perspectiva de la democratización y el cambio institucional experimentado por la estructura del Estado venezolano, en donde se identifican las bases fundacionales del sistema político venezolano, para luego introducir el cambio planteado por la CRBV, finalizando con un balance preliminar sobre los consejos comunales en la nueva arquitectura del Estado.

ANTECEDENTES

La democracia venezolana es el resultado de un trayecto arduo, lleno de muchos tropiezos en donde la voluntad política fue siempre un factor determinante en el éxito de la consolidación de la institucionalidad democrática. El sistema político venezolano resume en gran medida, las transiciones políticas de la historia contemporánea de Venezuela. Para profundizar en la crisis política venezolana, es imprescindible reconocer las condiciones en las que se inició la democracia en Venezuela. La entrada al Siglo XX se hizo efectiva luego del fallecimiento del dictador Juan Vicente Gómez. Los sucesivos gobiernos estuvieron en manos de antiguos militares vinculados al régimen gomecista, procurando una transición pacífica que permitiera cerrar la brecha entre militares y civiles. Sin embargo, esta aspiración dista mucho del rumbo que tomó el país. En medio de una gran inestabilidad política,  el trienio de 1945-1948 significó el primer ensayo democrático de Venezuela, que condujo a las primeras elecciones directas (1947), en un país que durante más de un cuarto de siglo, había padecido una férrea dictadura. Este ensayo democrático fue desplazado por una nueva interrupción autoritaria, por parte de los mismos militares que expulsaron del poder a Isaías Medina Angarita en 1945. Durante los siguientes diez años, Venezuela de nuevo vivió una dictadura, en esta oportunidad de naturaleza “modernizadora”.

En el año 1958 los principales actores del sistema político venezolano, demostrando haber dejado en el pasado las diferencias que condujeron al país a la experiencia dictatorial, suscribiendo el Pacto de Punto Fijo para fijar las bases del modelo democrático venezolano. Las experiencias del pasado, dejaron claro que la hegemonía política representaba el principal obstáculo para la consolidación de un régimen de libertades. Este acuerdo, significaba la fijación de las reglas del juego político, en lo que habría de ser un compromiso por preservar la estabilidad del naciente sistema. Las condiciones económicas del país, al convertirse nuestra renta petrolera en el factor dinamizador, facilitaron la configuración de un modelo de relaciones de Estado, que entre otras, consolidó el Sistema Populista de Conciliación de Élites, definido por Juan C. Rey (1998: 292) como el entramado de una pluralidad de intereses sociales, económicos y políticos, que apoyándose en la abundancia de recursos económicos, un bajo nivel (simplicidad) en las demandas y la capacidad de las organizaciones políticas (partidos y asociaciones civiles) para canalizar las demandas, permitieron una significativa etapa de estabilidad  política.

De acuerdo con Kornblith (1996) la crisis del modelo rentista, en el que el petróleo había sido la base de la principal actividad productiva y la fuente más significativa de ingresos, generó serias críticas hacia un Estado hiperactivo (Estado de Bienestar) que a través de vínculos utilitarios estimulaba la adhesión de la sociedad al sistema, con el compromiso de luego conducir hacia una transición donde prevalecieran mecanismos valorativos. Sin embargo, estas expectativas fueron desplazadas por la cultura clientelar instaurada, fundamentada en el fortalecimiento de la partidocracia en sustitución del Estado de Partidos, como fue definido por Brewer-Carías (1988). En 1984 se crea la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), en un intento por ofrecer la visión de un país moderno para el que era imprescindible contar con el concurso de todos los sectores de la vida nacional, definiendo un modelo de Estado democrático e inclusivo. Este fue un esfuerzo amplio, que expresaba la intención de redefinir el camino, sin embargo faltó la voluntad política para implementar todas las transformaciones propuestas por la Comisión.

Las primeras expresiones del deterioro del sistema político tienen lugar entre 1989 y 1992; en primer lugar, la explosión social de febrero y marzo de 1989, conocida como el “Caracazo”, en el comienzo de una serie de eventos de gran significación política. Ya para febrero y noviembre de 1992 -fecha de las dos intentonas golpistas- la crisis política era inocultable. Las reacciones del sistema político fueron menguadas, dada de la gravedad del problema en desarrollo. El proceso de descentralización político-administrativa iniciado en 1990, fue interpretado como una reacción extrema, una medida de emergencia ante el impacto de la crisis política. La realidad resultó ser  mucho más compleja de lo que la clase política venezolana estimaba, que inmersa en una crisis de representatividad, la sociedad demostró a su dirigencia política que fue superada por sus demandas.

CAMBIO INSTITUCIONAL

Las instituciones representan las reglas de juego de una sociedad, las limitaciones impuestas a los procesos humanos, de forma tal que una estructura de incentivos se organice en torno al intercambio que se produce en los ámbitos sociales, políticos o económicos, definiendo el cambio institucional, como un mecanismo que le permite a las sociedades evolucionar en medio de procesos asociados al cambio histórico (North, 1995: 3). En Venezuela, esas reglas de juego fueron debilitadas tempranamente por el retiro del Pacto de Punto Fijo del partido URD. En el camino, no fueron pocos los obstáculos, representados por las amenazas golpistas de militares de derecha, así como el asedio de la guerrilla de izquierda. El sistema que se impuso, el bipartidismo, condujo a la creación de un entramado de poder, del cual las instituciones formaban parte importante. Precisamente, fue la naturaleza del sistema institucional que se fue consolidando, lo que más atentaba contra las bases fundacionales de la democracia.

El deterioro progresivo del sistema institucional tuvo expresiones más severas a partir de las intentonas golpistas del 4 de Febrero y 27 de Noviembre de 1992. La crisis militar dio paso a una crisis política seria, con el juicio y destitución del Presidente Pérez en 1993. La ausencia de gobernabilidad, que viene siendo objeto de discusión desde algún tiempo, se instala como tema principal de la agenda política nacional. La crisis política estaba compuesta por una parte, por la crisis de representación, y eso condujo a la ruptura del bipartidismo, además de un aumento de la abstención electoral. El triunfo en la presidencia, para un segundo período de gobierno de Rafael Caldera, fuera de la organización política de la que fue fundador y parte fundamental del modelo bipartidista, fue una expresión de la crisis del sistema. En 1998 Hugo Chávez encarna la opción política del cambio, que agrupando el descontento del país con el modelo político dominante, logra imponerse inaugurando una nueva etapa de la vida política nacional. Comenzando Chávez su período en la Presidencia de la República, se inician los trámites para la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, aprobándose la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999.

El agotamiento del modelo de Estado no fue detenido por el proceso de descentralización en 1990, razón por la cual, además del cambio constitucional, el gobierno se propuso garantizar las condiciones necesarias para la transformación total del Estado venezolano. El proyecto político de Chávez, en sus inicios, se dedicó al desmontaje de una estructura de poder que hacía inviable la implantación del proyecto político ofrecido. En el año 2002 se promulga la Ley de los Consejos Estadales de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas, que luego fue modificada en 2010, estableciendo: en su artículo 1º: “La presente Ley tiene por objeto la creación, organización y establecimiento de competencias del Consejo Estadal de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas, como órgano rector de la planificación pública en el estado, en función del empleo de los recursos públicos para la consecución, coordinación y armonización de los planes, programas y proyectos para la transformación del estado, a través de una justa distribución de la riqueza mediante una planificación estratégica, democrática, participativa y de consulta abierta, para la construcción de la sociedad socialista democrática, de igualdad, equidad y justicia social.” Con la creación de este espacio, se generaron expectativas de participación, sobre todo a través de organizaciones representativas de la sociedad civil, sin embargo, su incidencia ha sido poco significativa, posiblemente debido a los cambios operados en todos los espacios de participación, con la connotación socialista que se ha adoptado; además de su condición de ser un espacio de decisión estadal, creado por una legislación nacional (Hernández, 2004).

En el año 2002 también se promulga la Ley de los Consejos Locales de Planificación Pública que señala en su artículo Nº 2: “El Consejo Local de Planificación Pública es la instancia de planificación en el municipio, y el órgano encargado de diseñar el Plan Municipal de Desarrollo y los demás planes municipales, en concordancia con los lineamientos del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, los demás planes nacionales y los planes estadales, garantizando la participación ciudadana y protagónica en su formulación, ejecución, seguimiento, evaluación y control, en articulación con el Sistema Nacional de Planificación Pública.”, instancias que habrían de acercar al ciudadano a espacios de decisión para la transformación de las relaciones Estado-Sociedad. Esta instancia de participación estaba concebida para servir de enlace con el gobierno estadal y las distintas expresiones organizadas de la sociedad civil, con la responsabilidad de incidir en los procesos de decisión pública.

Luego, en 2006 el Presidente Chávez promulga la Ley de Consejos Comunales, en lo que pudiendo considerarse como una utopía, ha sido parte medular del discurso de participación en los últimos años (Romero Pirela, 2007), estando dirigidos a satisfacer el artículo 62 de la Constitución de 1999, que señala: “Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica.” Los consejos comunales vinieron a transformar la noción tradicional sobre el poder local, pues el  propósito de los mismos es que los ciudadanos organizados sean quienes tomen las decisiones de sus comunidades, en torno a una gran diversidad de asuntos públicos, generando incertidumbre en los poderes políticos, que se sintieron amenazados con ser desplazados.

Posteriormente, en 2009 se promulga una nueva Ley Orgánica de los Consejos Comunales, que en su Artículo Nº 2 señala en cuanto a su propósito: “Los consejos comunales en el marco constitucional de la democracia participativa y protagónica, son instancias de participación, articulación e integración entre los ciudadanos, ciudadanas y las diversas organizaciones comunitarias, movimientos sociales y populares, que permiten al pueblo organizado ejercer el gobierno comunitario y la gestión directa de las políticas públicas y proyectos orientados a responder a las necesidades, potencialidades y aspiraciones de las comunidades, en la construcción del nuevo modelo de sociedad socialista de igualdad, equidad y justicia social.” La figura de los Consejos Comunales, viene a completar una etapa clave para la implantación del Estado Comunal, conformando lo que señala Sánchez Meleán (2010: 40) un nuevo nivel territorial de Gobierno, que responde directamente al Ejecutivo Nacional. En este sentido, un rasgo característico de los Consejos Comunales es su autonomía, sin embargo hay opiniones que no favorecen sus amplias competencias porque terminan siendo micro-gobiernos, sin subordinarse al poder local, y en su lugar rindiendo cuentas al Ejecutivo Nacional, cuestionando la naturaleza del poder popular que encarnan (Gómez Calcaño, 2009: 68). En la LOCC se establece, en el artículo 44 el Ciclo Comunal como el proceso mediante el cual se hace efectiva la participación popular y la planificación participativa, en respuesta a las necesidades de las comunidades, contribuyendo al desarrollo del potencial y de las capacidades de la comunidad. En el artículo Nº 45 se describe el Ciclo Comunal, compuesto por cinco etapas, complementarias e interrelacionadas entre sí y  siendo estas:

1.  Diagnóstico: esta fase caracteriza integralmente las comunidades, se identifican las necesidades, las aspiraciones, los recursos, las potencialidades y las relaciones sociales propias de la localidad.
2.  Plan: es la fase que determina las acciones, programas y proyectos que atendiendo al diagnóstico, tiene como finalidad el desarrollo del bienestar integral de la comunidad.
3.  Presupuesto: esta fase comprende la determinación de los fondos, costos y recursos financieros y no financieros con los que cuenta y requiere la comunidad, destinados a la ejecución de las políticas, programas y proyectos establecidos en el plan comunitario de desarrollo integral.
4.  Ejecución: esta fase garantiza la concreción de las políticas, programas y proyectos en espacio y tiempo establecidos en el plan comunitario de desarrollo integral, garantizando la participación activa, consciente y solidaria de la comunidad.
5.  Contraloría social: esta fase es la acción permanente de prevención, vigilancia, supervisión, seguimiento, control y evaluación de las fases del ciclo comunal para la concreción del plan comunitario de desarrollo Integral y en general, sobre las acciones realizadas por el consejo comunal, ejercida articuladamente por los habitantes de la comunidad, la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas, las organizaciones comunitarias y la Unidad Contraloría Social del consejo comunal.
6.  Las fases del ciclo comunal deberán estar avaladas y previamente aprobadas por la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas en el consejo comunal respectivo.

Atendiendo a lo expresado en la ley, ésta sin duda representa una significativa cuota de compromiso para las comunidades, en el desarrollo de la democracia participativa y protagónica, al encargarse de todos estos propósitos, que no solamente están dirigidos a “empoderar” a sus miembros sino  a hacerlos responsables de sus decisiones. Los avances institucionales representados en la creación de instancias de participación como el Consejo Federal de Gobierno, que en su artículo Nº 2 establece que es “el órgano encargado de la planificación y coordinación de políticas y acciones para el desarrollo del proceso de descentralización y transferencia de competencias del Poder Nacional a los estados y municipios. En consecuencia, el Consejo Federal de Gobierno establece los lineamientos que se aplican a los procesos de transferencia de las competencias y atribuciones de las entidades territoriales, hacia las organizaciones de base del Poder Popular” significan elementos de la construcción del Poder Popular, definido por la Ley Orgánica del Poder Popular en su artículo Nº 2 como “el ejercicio pleno de la soberanía por parte del pueblo en lo político, económico, social, cultural, ambiental, internacional, y en todo ámbito del desenvolvimiento y desarrollo de la sociedad, a través de sus diversas y disímiles formas de organización, que edifican el estado comunal.” Estas expresiones, que constituyen un avance en lo político y lo jurídico, no dejan de provocar dudas en cuanto a las capacidades desarrolladas por las comunidades para hacerle frente a tantas y tan exigentes responsabilidades. Porque, por una parte se trata de materias sensibles a las comunidades involucradas y por la otra, hacen referencia a problemas que el Estado y su administración pública tienen la experticia y competencia para atender, lo que en primera instancia debería producir una articulación de esfuerzos en aras de cubrir las exigencias expresadas, y sin embargo, sobre esto tampoco hay el convencimiento que se haya podido materializar.

En estos últimos años, el Gobierno de Chávez ha desplegado esfuerzos por lograr un mayor control de la institucionalidad, con la centralización del poder político y administrativo, limitando la autonomía a entidades federales, como en el caso del Distrito Capital, en donde se nombró un Jefe de Gobierno, mediante la promulgación de la Ley sobre la Organización y Régimen del Distrito Capital (2009) que le da la potestad al Presidente de la República de nombrarlo, por encima de las competencias y funciones del Alcalde Metropolitano, quien es electo por el pueblo. De igual forma se efectuó el traspaso de competencias de los estados hacia el poder central, como en el caso de puertos y aeropuertos, desestimando con ello definitivamente el proceso de descentralización, pues, aun cuando se crearon distintas instancias y los instrumentos legales que las acompañan, como mecanismos para el fortalecimiento de la participación, paralelamente en el ejercicio decisorio, se  muestra una profundización en el control por parte del poder central, tanto en lo político y como lo financiero.

En opinión de Mascareño (2007: 11-22) el fenómeno que vive el Estado venezolano es propio de una re-centralización, expresada en tres factores; en primer lugar, el contenido de la Constitución: la restricción de la autonomía de estados y municipios sometida a una ley nacional; la eliminación del Senado, con un legislativo unicameral; la regulación de los parlamentos regionales con una ley nacional; el sometimiento de la autonomía municipal; la eliminación de competencias exclusivas de las entidades federales; la sujeción las materias concurrentes a leyes de carácter nacional; la transgresión del Situado Constitucional, principal fuente de ingresos territoriales. En segundo lugar: la hostilidad hacia la descentralización, con una estrategia de control, en donde los recursos y las decisiones estaban centralizadas, amén de las iniciativas paralelas a las estructuras descentralizadas (salud, desarrollo social), que esquivaban las competencias descentralizadas: Plan Bolívar 2000 y Fondo Único Social.  Y en tercer lugar la promulgación de diversas estructuras político-administrativas como el Consejo Federal de Gobierno; instrumentos fiscales establecidos en la Constitución que no han sido aprobados, como la Ley de Hacienda o que habiendo sido sancionados, han tenido poca efectividad, como el Fondo de Compensación Inter-territorial. c) No existe avance alguno en materia de competencias. d) Es un hecho el represamiento de los recursos de los estados y municipios a nivel central. e) La participación de los ingresos de estados y municipios en el presupuesto nacional había logrado ascender hasta el 29 % en el año 1998. Pero ante las condiciones adversas que en materia financiera atraviesan estas entidades, ese ingreso disminuyó hasta el 21% en el 2004, 19% en el 2005 y 17% en el 2006. f) Se ha instaurado un régimen de participación centralizada, con sujeción de los recursos del poder central y sin intermediación con las disminuidas autonomías de estados y municipios.
                                                                                                                                              
Esto retrata un panorama frágil, que hace posible el fortalecimiento del poder central, pues aun cuando existen estructuras a nivel comunitario, éstas en efecto dependen mucho más de las decisiones del ejecutivo que de las propias regiones o localidades (como lo es el caso del financiamiento de los proyectos de los consejos comunales). En la medida en que los espacios de participación dependan del centralismo político administrativo, el impacto de sus acciones sobre las comunidades tiende a debilitarse.

DEMOCRATIZACIÓN

La democratización, puede ser vista como un proceso a largo plazo de construcción social (Whitehead, 2011: 20). Sin embargo, la democracia electoral, como elemento sustancial en la noción de democratización, que el mismo Whitehead juzga como insuficiente al argumentar que si en razón de los procesos electorales es que la democracia se completa, indica como un ejemplo de ello a la Venezuela de 1960, en donde los posteriores eventos políticos mostraron “la grave parcialidad práctica y la insuficiencia normativa con que se hizo” (2011: 47).

La democratización, como la plantea Whitehead (2011), se mueve entre la noción de democracia y la consolidación de la misma, lo que hace difícil definirla en un sentido estricto, tanto en sus características como proceso y como condición. El argumento tiene que ver con la manifestación de cualidades del sistema, que de concurrir todos los valores de la democracia o poliarquía en la acepción de Dahl (1988:35), estaríamos ante un régimen democrático. En este sentido, Dahl considera que un gobierno es democrático, si están presentes cinco (5) condiciones: Participación efectiva: reconocimiento de las diferentes posturas de los ciudadanos antes de tomar decisiones; Igualdad de voto: igualdad de condiciones en la toma de decisiones para todos los involucrados; Comprensión ilustrada: en función de la naturaleza de los asuntos, debe haber suficientemente por parte de los ciudadanos, para la toma de decisiones; Control de la agenda: los ciudadanos deben participar en la decisión sobre cuales asuntos a considerar e Inclusión de los adultos: participación de las decisiones, en igualdad de condiciones, de los ciudadanos que estén en condiciones (Puerta, 2010: 25).

Desde el punto de vista teórico (Whitehead, 2011;  Coppedge, 2005), Venezuela había sido reconocida como una democracia establecida, según se encontraban presentes en mayor o menor medida, algunos de los indicadores señalados anteriormente. Sin embargo, los mismos autores señalan que Venezuela se encontraba en el ámbito de las poliarquías con limitaciones, llamadas Casi Poliarquías (Whitehead, citando a Dahl, 2011: 369) mientras que Coppedge considera que la democracia venezolana ha sufrido importantes retrocesos, caracterizándose por su desinstitucionalización (2005: 290). Según el reporte anual de Freedom House del año 2001, de un total de 192 países en el año 2000, fueron calificados como democracias electorales 120, figurando en esa clasificación, Venezuela (Whitehead, 2011:371). Sin embargo, en el Informe Freedom in the World (2011), Venezuela ya no es considerada como una democracia electoral, en las mediciones resulta: Parcialmente Libre, con 5.0 en la medición de Libertad; 5 en Libertades Civiles y 5 en Derechos Políticos, siendo el rango 1 el más Libre y 7 el menos Libre, mostrando un considerable descenso con respecto a la anterior evaluación (Freedom House, 2011).

En este sentido, incorporamos a Huntington, quien ubicaba a Venezuela en la segunda ola de democratización (1994: 160), siendo que en un primer intento -fallido - para introducir la democracia en el año 1945, es en una segunda (1958) vuelta que se materializa la institucionalización democrática. Sin embargo, como lo indica el estudio cuantitativo de Freedom House, ha sido sostenido el proceso de desinstitucionalización observado, tal como lo afirma Coppedge (Coppedge, 2005: 290).

En Venezuela el proceso de democratización puede valorarse a partir de las siguientes variables, para conocer los niveles de desempeño de la democracia; los Procesos electorales y el pluralismo político; el Funcionamiento del Gobierno; la Participación  política; la Cultura Política; las Libertades Civiles; las Elecciones y las Instituciones de gobierno. La revisión de estos indicadores en Venezuela, arroja serias dudas en cuanto a los comportamientos institucionales asociados a ellos[1]. Los procesos electorales han sido numerosos, pero cargados de cuestionamientos por parte de sectores opositores (p. e. la organización civil SUMATE ha sido constante en sus críticas al Consejo Nacional Electoral y sus procesos); el pluralismo político ha sido puesto en duda, toda vez que no solamente los partidos opositores han sido excluidos de discusiones en materias de interés nacional (acuerdos con otros países, p. e.), sino que además en el propio Gobierno se produjo la decisión de unificar a todos los partidos que forman la coalición de apoyo al proyecto político del Presidente, en una sola agrupación (el Partido Socialista Unido de Venezuela, el PSUV); el funcionamiento del Gobierno ha sido duramente cuestionado por sus políticas poco efectivas para combatir alarmantes niveles de desempleo, altos índices delictivos, precarios servicios de salud y educación, crisis cíclicas de desabastecimiento de alimentos, dependencia de las importaciones para la satisfacción de la demanda de productos, entre otros problemas; la participación política ha sido estimulada, desde el propio Gobierno, pero con dificultades para los sectores no proclives al Gobierno, dado los niveles de politización de los mismo (recordemos la Lista Tascón, que fue empleada como instrumento de exclusión política); la cultura política ha sufrido importantes cambios por los altos niveles de polarización que vive la sociedad; las libertades civiles cada vez más débiles ante el control que se ejerce desde el Estado: presos políticos, cierre de medios, persecución de organizaciones; las elecciones y las Instituciones de Gobierno, con poca credibilidad y confianza, se presentan como responsables de las acciones que debilitan la legitimidad de la democracia venezolana (Human Rights Watch, 2008).

Este es un escenario que hace incompatible la invitación a la participación cuando desde el propio Gobierno se generan obstáculos para los sectores no alineados con su proyecto político, como recogen denuncias efectuadas ante organismos internacionales: Human Rights Watch, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, así como organismos no gubernamentales nacionales: Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos. Son estas razones por las que algunos estudiosos de la democracia, de los que tan sólo hemos mencionado a Huntington, Whitehead y Coppedge, afirman que la democracia venezolana se encuentra seriamente amenazada. Y esa amenaza constituye, lógicamente un rasgo de la crisis de la democracia que pone en duda el proceso de democratización emprendido a partir de 1958.

CONCLUSIONES

El proceso de democratización que se inició en Venezuela, luego de la caída de la dictadura militar, significó el compromiso de no sucumbir a tentaciones sectarias ni excluyentes, abrigando el firme propósito de encaminar a la nación venezolana hacia la modernidad, consolidando un andamiaje institucional que reflejara los valores de la libertad, la justicia y la equidad. Posiblemente la madurez política sea uno de los factores determinantes en la naturaleza del proceso, que definitivamente tiene más debilidades que fortalezas, pues de lo contrario, el mensaje del Presidente Chávez no habría tenido eco en el electorado, ni habría despertado en la población el deseo de cambio que hasta el presente, sigue vigente como aspiración política en el imaginario social.

La historia política venezolana es el reflejo de una nación joven, con unas enormes capacidades, tanto en su potencial humano como en sus riquezas naturales, que sin embargo ha sido poco efectiva para esquivar la vocación autoritaria, heredera del caudillismo latinoamericano, que no ha hecho excepción a la hora de someter a los pueblos de América Latina a la dominación absoluta. Los vaivenes de la política venezolana retratan un sistema institucional  construido en torno a la figura de un Estado protector, cuyas responsabilidades se incrementaban en la medida en que aumentaban los ingresos por vía de la renta petrolera. Los criterios de redistribución, muchas veces alentaban prácticas de carácter populista, para corregir las brechas sociales, estimuladas por la propia naturaleza proteccionista del Estado. Los momentos más críticos de la vida nacional, marcaron las oportunidades para la apertura de espacios tales como el proceso descentralizador y la elección directa de alcaldes y gobernadores; sin embargo, estas medidas no fueron suficientes para alejar la tentación autoritaria, como una suerte de mecanismo de corrección de los desvíos del poder.

El reordenamiento institucional que ha emprendido el Estado venezolano, a partir de la Constitución de 1999, muestra una nación con muchas posibilidades de participación, pero en la que a su vez, persisten las críticas hacia la ineficiencia del Estado y la insatisfacción hacia su gestión pública, a la que ahora se suma la volatilidad política expresada en la polarización que experimenta la sociedad venezolana. Esto conduce a una situación de fragilidad institucional en la que resulta cuestionable la estabilidad democrática, cuando han sido irreconciliables las visiones de país encarnadas en el proyecto político del Presidente Chávez y la  crítica desde la oposición al Gobierno. Las virtudes de la democracia participativa y protagónica, permanecen como aspiraciones, dentro de una vorágine institucional que amenaza con recrudecer para alcanzar los propósitos revolucionarios. En medio de ello, se encuentran los procesos políticos, en la mayoría de los casos, sujetos a las vicisitudes de un proyecto político que se va reinventando a medida que transcurre el tiempo.

Para poder revertir el deterioro de la democracia venezolana, y retomar el camino del fortalecimiento institucional, lo fundamental es comenzar por el reforzamiento del orden jurídico, dándole cumplimiento a las normas y con ello al rol que desempeñan las instituciones en el sistema político; de lo contrario, seguirán creándose mecanismos y espacios para la participación, sin que ello sea suficiente para lograr la efectiva concurrencia de ciudadanos dispuestos a comprometerse en un esfuerzo colectivo de largo alcance. La participación ciudadana no se va consolidar por la vía ejecutiva, en atención a una decisión del poder centralizado; ésta será en todo caso, producto de la convicción de los ciudadanos que creen en la legitimidad de las instituciones y en el compromiso de sus autoridades políticas.

BIBLIOGRAFÍA
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[1] Para una información más detallada al respecto, consultar http://www.freedomhouse.org/report/freedom-world/2011/venezuela

miércoles, 10 de octubre de 2012

En relación al supuesto fraude electoral

Esta reflexión del Prof. Robinson Rivas me la hizo llegar el Prof. Carlos Mascareño y la comparto con ustedes.


Saludos


Amigos:

Hasta anoche tardísimo estuve trabajando en la observación electoral. Ya son varios años dedicando tiempo y un esfuerzo inmenso a esta tarea, de la que he aprendido muchísimas cosas, y me han hecho comprender mejor muchas más. Específicamente, soy parte del grupo de Observación Electoral de Asamblea de Educación, una ONG dedicada en parte a ser veedores de estos procesos.

Lo primero que les cuento, y se lo hago saber a todo el que puedo, es que el sistema de votación automatizado nuestro es sumamente seguro, sumamente confiable, y la envidia de los de otros países que hemos tenido la oportunidad de comparar. El voto es 100% secreto, la automatización es exacta hasta un margen de 99,999% sin exagerar, y la cantidad de validaciones. re-validaciones y auditorías son increíblemente altas, hechas además por muchísima gente competente y especializada. No lo digo por mí, sino por docenas de ingenieros del gobierno, de la oposición, de partidos minoritarios y de Smartmatic que dedican horas y días a revisar los códigos fuente, las configuraciones de las máquinas de votación, de las de transmisión, de los conteos, de las líneas de respaldo, el tema de la privacidad, la encriptación, y un largo etcétera.

Como reto técnico es sumamente gratificante trabajar en eso.

Otra cosa MUY diferente es el aspecto del trabajo político del CNE. Ya ahí entran otras variables, como movimientos de electores entre centros, las ventajas que dan para el registro a sectores que les interesa, que se hagan los locos ante el grosero ventajismo oficial, que hagan normas de publicidad que favorecen descaradamente al gobierno, etc etc. Para resumir, me gusta usar esta figura: es como jugar un juego de fútbol donde las reglas están claras, pero el
árbitro es partidario de uno de los equipos. Si el equipo en desventaja mete los goles gana, pero tiene que meterlos. El equipo del árbitro (en este caso el gobierno) también debe meter los goles, pero el árbitro se las pone más fácil. Al final del día, va a ganar quien meta los goles, pero desde luego la ventaja es para el que tiene los recursos.

Si me explico bien, lo que quiero es hacer las distinción entre la parte política (abusiva y abiertamente pro-gobierno) del CNE y los aspectos técnicos, de los cuales no me queda ninguna duda que están muy muy consolidados.

Como anécdota puedo contarles que en una de las auditorías de una elección anterior, estábamos los representantes del CNE, los de smartmatic como fabricante, los testigos del gobierno, los de la oposición y yo y algunos amigos por los observadores electorales de Asamblea de Educación. ¡¡Y en TODOS los grupos, había profesores de la Facultad!!! más aún, en esas auditorías hubo un momento que en la misma mesa había gente del mismo centro de investigación de la UCV ¡¡pero en bandos diferentes!! Con eso quiero decir, que tengo confianza plena en ese trabajo, y no voy a descalificar a mis colegas solamente porque estén en lados distintos de la calle.

A NADIE LE GUSTA PERDER

¿¿A quién puede gustarle perder una elección?? el tema es que hay que entender como es el proceso. Con lo que dije ya, creo que dejo clarísimo que NO APOYO y más bien DESCALIFICO todos los rumores, las "noticias" y comentarios que hagan ver que hubo fraude. NO HAY FRAUDE, lo que pasó es que PERDIMOS. Como esa verdad no le gusta a nadie, hay que repetirla y repetirla y aclararla. Siempre va haber gente que salga con eso porque sencillamente no comprende que si en su centro ganaron 80-20, ¿como vamos a perder en el resto del país?? ¿con este gorila, dictador, ladrón, etc etc?? pues sencillamente, porque hubo más gente que votó por él, y desde luego, hicieron una inversión muchísimo mayor en promocionarlo de todas las formas posibles. Cantar fraude, decir que se perdió por los votos nulos, que cambiaron los resultados a las x de la noche, que negociaron, etc etc, es una necedad que no resiste ningún análisis. Eso si, sirven como "paliativo" y dan alguna sensación de esperanza, pero no deja de ser sino un autoengaño.

La mera verdad, es que el gobierno aplicó un masivo movimiento de sus votantes menos duros, y consolidó a sus duros, sin contar con el gigantesco esfuerzo que han hecho en estos últimos meses para inaugurar obras a medio hacer (pero visibles), el esfuerzo físico impresionante que tuvo que hacer el presidente a última hora, la inversión en paños calientes en las principales ciudades, y el populismo descarado, que raya en lo ridículo. Pero así es la política, y si esos esfuerzos no se tradujeran en votos ni los intentarían. Lo cierto es que esa es la forma clásica de hacer campaña electoral, y este gobierno en eso es maestro: minimizar cualquier noticia que los afecta (y han sido muchísimas) y sobrevalorar las obras dirigidas a captar votos. Por ejemplo, hasta risa dio ver cómo inauguraban el famoso BusCaracas después de nueve años y un costo 11 veces superior al establecido, todo a los golpes y a última hora. Pero repito: en política eso se vale, y sirve para captar los votos medio flojos. Los duros, ya los tenía con la campaña de insultos, radicalismo y fanatismo que le encanta a sus seguidores.

¿¿POR QUÉ SI SACAMOS MÁS VOTOS PERDIMOS?? ¿¿DÓNDE ESTÁ EL FRAUDE??

Pues la verdad, es que sacamos más votos en los centros urbanos, de donde somos la mayoría de los amigos que finalmente van a leer estas notas. En general, la gente de estos centros urbanos, de clases medias, están más educados que el resto, y critica más fácilmente los problemas de servicios públicos, inflación e inseguridad. En eso, somos más disconformes. Además, mientras mayor el nivel educativo -en general- la gente tienen más expectativas de vida, que ir simplemente a lo básico de casa y comida. Somos más críticos con el autoritarismo, con la groserías y la mediocridad, nos afecta más nuestra sensibilidad la chabacanería y la corrupción descaradas. No es que en los barrios no haya esas preocupaciones, pero siempre hablando en promedio, la escala de necesidades varía. Y en esto hay que abrir los ojos: este gobierno ha tomado medidas puntuales, algunas más populistas y otras verdaderamente serias, para atender a millones de personas en cosas como acceso a alimentos, a centros primarios de salud, a participación política y comunal, en algunos casos a vivienda y educación, que mucha gente desprecia clasistamente como "limosnas". Esas misiones, con un altísimo componente populista, son más visibles para millones de personas que los casos de corrupción o la inseguridad, a la que lamentablemente igual están habituados. Decir que los chavistas son "pelabolas", "mantenidos", "ignorantes" es en realidad desconocer que la mayoría son gente que pasa necesidades, y que la oposición no ha podido convencerlos de que los problemas que tienen son también responsabilidad de ese mismo gobierno. Y claro, eso también pasa por que hay muchos que sí, prefieren estar mal pero creerse bendecidos por el líder, esos mediocres no faltan pero tampoco son la mayoría, en realidad serían pocos. Lo mismo que decir que los chavistas son "malandros": si eso fuera así viviríamos en la época de las cavernas!!!

¿Por qué se pierde en los estados llaneros? por eso mismo, cuando uno pasa por esos estados, la obra de gobierno atendiendo necesidades puntuales de las poblaciones aisladas es MUY evidente, y esa gente también vota. Y lo mismo pasa en las poblaciones rurales de otros estados, y en los barrios de las ciudades. No entender eso es negarse a la realidad. Y con eso no digo que este sea un buen gobierno, pero la realidad es mucho más terca que nuestras creencias y gustos. EL populismo paga hasta que quiebra, y por ahora está pagando.

Me gusta usar una imagen cuando converso con mis estudiantes: los gobiernos, en todos los países del mundo, por definición tienen que cumplir muchisimas tareas, y algunas las va hacer bien y otras mal. La diferencia entre un oficialista y un opositor, es que el primero ve más cosas buenas que malas, y las malas no las identifica con el presidente. El opositor, por el contrario, ve muchas más cosas malas que buenas y además identifica los problemas con la mala gestión.
Cuando un chavista comienza a ver más cosas malas que buenas se convierte en opositor, y de esos hay muchísimos. Al revés no conozco a nadie, que no sean cuatro o cinco políticos (entre ellos el poca cosa de Arias Cárdenas).

Ese es el país que tenemos. Un gobierno que hace cosas pero que además usa el dinero sin discreción alguna para captar votos. Millones de personas que ven en ese gobierno soluciones a cosas concretas "a pesar de". Otra mitad del país (la más urbanizada) que detesta un estilo de gobierno y que en general no reconoce lo que éste haya podido hacer de bueno. Así como van las cosas, es segurísimo que la oposición gane muchas más gobernaciones y alcaldías que en las últimas regionales, y el gobierno consolide las de estados centrales y de poblaciones rurales, o lo de los estados que ya tienen y que hayan hecho una
gestión más o menos buena.

Despreciar la victoria de Chávez es un absurdo. Que creamos que es mala para el país es válido, pero desactivarse y echarse a morir, o seguir con el juego del fraude y la abstención, es no solamente absurdo sino suicida. Hay que seguir adelante, seguir criticando, participar más, aceptar las derrotas y celebrar los triunfos, que van a seguir llegando seguro. No alimentar rumores, calarse un poco este trago amargo, y entender por qué se pierde o se gana.

Abrazos a todos y salud
Robinson Rivas"

lunes, 28 de mayo de 2012

EL 4F Y SUS REPERCUSIONES SOBRE EL LIDERAZGO NACIONAL


El estudio del fenómeno de liderazgo en Venezuela está íntimamente ligado al desarrollo de la historia política nacional, a la evolución de la nación, desde la Capitanía General hasta la República de Venezuela. El recurso del análisis histórico nos permite reconstruir las características de la cultura política del Venezolano en base a todo ese proceso.

En principio, es necesario partir de la condición de la identidad nacional, del sentimiento nacional del venezolano para poder establecer las características del liderazgo en nuestro país.

En Venezuela el liderazgo ha estado tradicionalmente vinculado a la noción del Caudillismo; en palabras de ELISA LERNER (1), el líder venezolano, más que líder ha sido un caudillo dedicado al “cultivo de una pequeña parcela...” con poca preparación. No se trata de un liderazgo en el sentido estricto del ejercicio de la conducción dirección e influencia sobre los demás miembros de un grupo humano; no ha estado basado en la encarnación de un “modelo”, ha sido más bien el desarrollo de un patrón de caudillismo regional que data de la época de la colonia y que se mantuvo a lo largo de la Guerra de la Independencia y de las Guerras Civiles, consolidándose hacia finales del siglo pasado y principios del presente. (2)

Es difícil precisar la estructura de nuestra identidad nacional, cuando nuestra historia ha estado condicionada por el fenómeno de la ruptura, de la discontinuidad con el pasado. Nuestro país es un país sin memoria (3)  al que le fue arrebatada la herencia aborigen para imponerle la cultura ibérica del colonizador. Sobre esta base tan débil es difícil construir un auténtico liderazgo, es improbable que pueda surgir un líder con las características teóricas que le deben acompañar: autoridad moral, capacidad para dirigir e influir sobre las masas, poder de convocatoria.

Cuando Elisa Lerner habla de nuestro líderes que cultivan una pequeña parcela, se refiere a que no ha sabido ejercer lo que es un verdadero liderazgo, asumir lo que significa la conducción de un pueblo, es decir, que ha sido insuficiente su desempeño porque ha estado orientado hacia la satisfacción de fines egoístas, ajenas a las necesidades de un colectivo. Por otra parte, nuestra condición económica de país dependiente, ha permitido que en el escenario del ejercicio político del poder, intervengan fuerzas no nacionales que han influido directamente en el liderazgo local, (esto con referencia a las actividades de transnacionales quienes reclutan dirigentes políticos con el fin de  proteger sus intereses).

La escasa conciencia de una identidad nacional, el débil sentimiento producto de esa reducida memoria de la que hablábamos, nos obliga a reconocer que no tenemos un proyecto nacional (valores, motivaciones) que defender o por el que luchar, lo cual determina que nuestros líderes no posean un fundamento ideológico real (4), con las excepciones de estadistas como Betancourt y Caldera, honrosas por demás, que logre cohesionar a la sociedad tras de ellos.

Nuestra historia política reciente, luego de la caída de Pérez Jiménez, ha presentado un canon para el ejercicio de la conducción política. Los dirigentes que conforman la generación creadora de la democracia venezolana, esa generación del 28 que lucho contra Gómez y que luego enfrentó a Pérez Jiménez, se convirtió en el modelo a seguir y ellos mismos establecieron cuáles serían las reglas del juego. El liderazgo que emergió del 58 ha mantenido desde entonces, el discurso que los califica como mártires de la democracia; que fueron sus sacrificios y sus luchas contra los dictadores, lo que permitió que se pudiera construir un régimen democrático en nuestro país.

Semejantes recursos no pueden conferirle al liderazgo venezolano otra connotación que no sea la de un notorio personalismo, es decir, que se mantiene la tendencia hacia la supremacía de una individualidad, de condiciones únicas, que se traduce en caudillismo.

Este ha sido el escenario desde 1958, con las variantes que haya podido producir la renovación de la dirigencia política nacional, más no de la inspiración que los mueve, pues los jóvenes políticos presentan las mismas o casi iguales características; lo que cambian son sus caras.

Las carencias de una errada conducción política y la gravedad de una insana economía fueron conduciendo al país a una inevitable crisis coyuntural, donde el logro de los objetivos fundamentales de la sociedad comenzaba a  hacerse prácticamente imposible.  Las bases de la nación:  relaciones económicas, políticas, culturales e ideológicas comenzaban a agrietarse degenerando en una crisis estructural.

El país perdió la brújula luego de que disminuyeron los ingresos extraordinarios (petrodólares); el Estado que había crecido en forma desproporcionada colapsó al no poder satisfacer las demandas de una población que cambió sus costumbres a la luz de un mundo irreal y superficial, que le fue impuesto bajo la creencia de que “todo es posible”.5

La inestabilidad económica, la ausencia de liderazgo, la ineficiencia del Sistema Político, la depauperación del nivel de vida, la inseguridad colectiva, las fallas de los servicios públicos, comenzaron a conformar una bomba de tiempo que estalló en Febrero de 1989 con el descontento social y que tres años después, el 4 de Febrero de 1992, alcanzó su punto máximo con la primera intentona golpista.

La acción del “Movimiento Bolivariano Revolucionario 2000” modificó por completo el momento histórico político que se estaba viviendo en el país, pues aparece la figura de HUGO CHÁVEZ, cambiando el rumbo de los acontecimientos.  El “4-F” marca el inicio de una nueva etapa en la vida democrática venezolana; quizás representando la última oportunidad, pues está en juego la permanencia del Sistema Político.

La globalización de los conflictos que aquejaban al país, la violación sistemática de algunos preceptos consagrados por el Estado de Derecho, la represión, la crisis económica, condujeron a la creación del MBR-200 en 1983, por parte de un grupo denominado COMACATE (Comandantes o Tenientes-Coroneles, Mayores, Capitanes y Tenientes).  El objetivo del movimiento, que nace el año del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, “no era de carácter político...  Allí se formó el semillero de un movimiento esencialmente democrático... descubrimos al maestro Simón Rodríguez y al líder Simón Bolívar y al guerrero Ezequiel Zamora”.6

Inicialmente el MBR-200 se planteó realizar un estudio de la situación político-social de la nación, “El MBR-200 es nacionalista en cuanto propone un auténtico Vuelvan Caras, un profundo rescate de nuestra identidad, a través de la puesta en marcha de una política de consolidación nacional”.7   Bajo esta bandera el movimiento liderizado por el Comandante Chávez se rebeló ante la autoridad legal, a quien con su acción le restó la poca legitimidad que le quedaba.

Luego de los sucesos de Febrero de 1992 y del posterior intento golpista del 27 de Noviembre del mismo año, la figura de Hugo Chávez se fue convirtiendo en la de líder de la población; no sólo arrasen los estratos sociales más bajos de la pirámide social, sino que provocó la admiración de las capas intermedias de la sociedad.  Los más variados intelectuales, artistas, figuras públicas, se pronunciaron para alabar las virtudes y excepcionales cualidades de Chávez.

Fue en ese momento, reflejo de la imagen todavía latente del “<>” televisado, que se le reconoció como líder, aquel que fue entrevistado por Laura Sánchez del EL NACIONAL en los días posteriores a la intentona, de manera transgresora, violando toda disposición oficial y burlando la autoridad del líder del tercer mundo.8 

La actitud de Hugo Chávez contrastó con la del entonces Presidente de la República.  Su imagen destronó definitivamente a Pérez enviándolo al rincón más olvidado de la historia, cediéndole su lugar al Comandante.  El fenómeno Chávez arrastró a todos, bien de acuerdo con él o enfrentándolo, pero lo único cierto es que su acción no le fue indiferente a nadie, pues fue ganándose un espacio en la escena política nacional, convirtiéndose en ese líder que lucía ausente.

Un líder es aquella figura que logra conducir, dirigir, guiar a un grupo humano con el propósito de alcanzar objetivos comunes.  El líder tiene poder, pero es preciso tener claro que no todo el que tiene poder es líder.9   El hecho de que Hugo Chávez, al mando de la operación clave, asumiera la responsabilidad de toda la acción, no sólo reflejó poder sino que le confirió una imagen moral que nadie en ese sentido se había ganado hasta entonces, en un país donde no se es responsable de nada.  Allí nació el fenómeno de Chávez que fue conformado su liderazgo circunstancial.

Las razones para catalogar a Chávez como un líder circunstancial se originan en la naturaleza de su liderazgo.  Es cierto que su mensaje llega a las masas, que estas lo siguen, pero es preciso examinar el carácter de su liderazgo y de su mensaje.

Las características de Hugo Chávez se inscriben con facilidad en las categorías de liderazgo carismático populista que señala Gustavo Martín.  “El populismo es moralista; es un movimiento, no un partido el que acompaña al líder; la ideología es imprecisa; se opone al orden establecido; busca la unidad nacional; si participan militares, son de graduación media; es nostálgico; posee una base popular; no tiene una doctrina propia; son nacionalistas y se trata de un liderazgo carismático populista”.10

Ante todo lo dicho por Martín, es justo ubicar a Chávez bajo este esquema.  Su discurso se maneja en el terreno del nacionalismo, sus apelaciones se basan en el patriotismo que considera como el recurso para recuperar el sentido de nación que hemos perdido.

El liderazgo de Chávez surge en el momento más crítico de la historia política contemporánea; ante tanta indiferencia oficial, ante la incapacidad de una dirigencia política, surge el Comandante como la válvula de escape, como ese elemento cohesionador que toda masa descontenta necesita para no desbocarse.  El pueblo venezolano había estado huérfano de un guía, y en medio de la coyuntura, encontró en Chávez esa figura de apoyo que tanto necesitaba.  Fue su valor para llamar a las cosas por su nombre, y declarar que su movimiento reflejaba el clamor de la mayoría de la población, lo que ha venido convirtiéndose en ese líder que reclamaba el país.

Ahora habría que profundizar en el rol que Hugo Chávez está cumpliendo, en el contexto de un Sistema Político que no satisface las demandas de la población.  El está llenando un vacío que nadie había podido ocupar, no por falta de ambición, sino de condición.  Su figura parecería estar devolviéndole al pueblo fe y confianza en sí mismo, porque Chávez es reflejo de su pueblo y tiene una elevada autoestima, cosa de la que hemos carecido siempre.

La duda radica en que ese liderazgo circunstancial pueda transformarse en algo permanente, en que Hugo Chávez sepa encarar el futuro y pueda soportar el peso de la responsabilidad que significa servir de ejemplo para una población que no ha tenido buenos modelos.

El reto que se le presenta a Chávez tiene varios horizontes.  Debe ordenar su planteamiento político de manera de darle consistencia ideológica; actualizar su discurso de manera que las mentes receptoras de su mensaje bolivariano sean capaces de descifrarlo en el contexto del mundo que vivimos hoy, pues es preciso que en el manejo de las nociones de nacionalismo, si se quiere moldear la conducta política del venezolano, se evite llegar a los extremos del fanatismo; finalmente, es necesario que desista de jugar al caos, con pensamientos escandalosos, pues ser profeta del desastre lo aleja de ese papel catártico que inicialmente nos había planteado, el queremos liberar de esa imagen del dirigente político falso y demagogo que sólo conocíamos y que él manifestaba ser la antítesis.

Sería absurdo negar la influencia de la imagen de Hugo Chávez, sobre algunos sectores de la población y es que, definitivamente ha llegado a convertirse en la respuesta a muchas necesidades que se relacionan con esa carencia de un pasado coherente y con la falta de verdaderas referencias que nos permitan alcanzar la cohesión que en toda nación debe privar a la hora de enfrentar retos.

En Chávez reconocemos al venezolano que practica un culto patriótico de veneración a las raíces bolivarianas y de cumplimiento del deber, hechos a los cuales no hemos estado acostumbrados; pero también se nos presenta con debilidades, lógicamente propias de todo ser humano, pero que si se quiere ser conductor de masas, es preciso corregir, de manera que pueda ofrecer un auténtico liderazgo.

Es muy cierto que Hugo Chávez no reúne todas las condiciones que teóricamente debe poseer un líder (anteriormente hemos señalado el carácter de su liderazgo), pero ante las pocas opciones a las que hay lugar, luce quizá como el más apropiado en este momento de coyuntura, asumiendo una responsabilidad que le confiere valores desconocidos por nuestros dirigentes.11

Finalmente debemos reconocer que no estaba en los cálculos, ni del MBR-200 ni de Chávez, la popularidad que desató su figura, porque de lo contrario se hubiese preparado una plataforma más sólida para su proyección, notándose que fue un hecho completamente inesperado, teniendo que construir sobre la marcha.  Su permanencia en la escena política venezolana dependerá de su preparación y de la capacidad de interpretar las necesidades y expectativas de sus seguidores, de lo contrario estará destinado a ser un fenómeno político pasajero.

1           LERNER, Elisa.  VENEZOLANOS DE HOY EN DÍA:  DEL SILENCIO POSTGOMECISTA AL RUIDO MAYAMERO.  Pág. 4 en EL CASO VENEZUELA.

2           MAZZEL, Jesús.  EL ROL DEL LIDERAZGO EN LA CRISIS POLÍTICA.  Pp. 6-8

3           LERNER, Elisa.  Ídem.

4           esto es si atendemos el planteamiento de la dificultad de construir un verdadero liderazgo con las condiciones que nos rodean, de la ausencia de un pasado coherente.

5           CABALLERO, Manuel.  LAS VENEZUELAS DEL SIGLO VEINTE.  Pág. 190.

6           ZAGO, Angela.  LA REBELIÓN DE LOS ANGELES.  Pág. 22.

7           Ibidem.  Pág. 48

8           se quiere señalar el efecto arrollador que provocó Chávez, a diferencia de los otros Comandantes, para llegar hasta esos extremos de audacia con el fin de conocer sus ideas y opiniones.
9           MAZZEL, Jesús.  Op. Cit. Pág. 8.

10          MARTÍN, Gustavo.  ENSAYOS DE ANTROPOLOGÍA POLÍTICA.  Pp. 149-156.

11          Recordemos el discurso del entonces Senador Vitalicio Dr. Rafael Caldera ante el Congreso de la República el día de la intentona golpista de 4-F, donde señalaba las virtudes de los Comandantes al desechar las apreciaciones de ciertos políticos que llegaron a calificarlos de mercenarios.

* MARIA ISABEL PUERTA. Publicado en la revista PRINCIPIA. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado  Año 2 - Nº 3. Octubre 1995.