viernes, 9 de agosto de 2013

EnSerio Notas: Educación ciudadana

EnSerio Notas: Educación ciudadana: Ser ciudadano, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), se refiere, entre otros significados,  a “ser natural vecino d...

lunes, 10 de junio de 2013

POLÍTICA, MENTIRAS Y VIDEOS

El título no pretende ser original, en realidad lo que plantea es la reafirmación de que en Política lo que resulta tradicional es la repetición de situaciones, comportamientos y medidas que en modo recursivo, tienden a caracterizar una época. Se vivió con la decadencia del régimen de Fujimori en Perú (2000) y ahora en Venezuela algunos, con más esperanza que certeza, creen ver una reedición del episodio en la política criolla. En Venezuela se hace “política“ en minúscula. Y no puede ser de otra forma cuando se ha renunciado a fortalecer una cultura política que edifique, en la que los ciudadanos sean parte del proceso de conducción política en lugar de súbditos sin derecho a voz y solo con el consuelo del voto. Parte del fracaso en la intención de consagrar la democracia participativa en Venezuela se debe a la pretensión de imponer un modelo que debería construirse a partir de la propia cultura política del venezolano.El proyecto político chavista se inscribe dentro de una fantasía pseudo-revolucionaria de liberación de los Pueblos sometidos por el capitalismo salvaje, en donde la transformación la han experimentado los actores mas no el libreto; la explotación del venezolano persiste, a paso de vencedores, y con lamentables consecuencias para nuestro tejido social. Se vendió una ilusión que se mantiene en los corazones de muchos venezolanos que no racionalizan la política, siendo eso lo que en gran medida mantiene al chavismo en el poder. La presencia de Hugo Chávez cambió -de eso no cabe duda- la forma de hacer Política en Venezuela. No solamente en términos Institucionales sino además, Personales. Antes de Chávez -lo queramos reconocer o no- existía eso que se llamó ‘la majestad del cargo‘, que para Hugo no era sino una forma vergonzosa de manipulación burguesa, de sometimiento del Pueblo. Cuando Chávez rompía el protocolo lo hacía en una suerte de gesta heroica liberadora del Pueblo en reclamo de su libre determinación., en la que él por supuesto, encarnaba al Nuevo Libertador. Con ese discurso se fue afianzando este proyecto político, haciéndole creer a todos, que la suya era una nueva gesta emancipadora, esta vez de las garras del capitalismo. Mientras envenenaba las mentes de millones de venezolanos, su entorno se enriquecía sin limitaciones, gracias a negocios en nombre de esta Patria, tan querida ella. Comenzó entonces a formarse una nueva burguesía al amparo del Poder, conformada por ex funcionarios del Gobierno caídos en desgracia; hermanos de funcionarios del Alto Gobierno; novios/as de personajes cercanos o en el Poder, hasta llegar al mismo entorno familiar del ‘Gigante‘. Los rumores daban cuenta de una grosera ostentación, que no guardaba las formas de otros tiempos donde la discreción era la conseja; en su lugar, la boliburguesía chavista se ha esmerado en demostrar su ‘sobrevenida‘ buena fortuna, sin ningún disimulo. La Boliburguesía estuvo protegida, como bien nos lo han recordado, por el Máximo Líder quien se encargó de atajar los excesos de algunos de sus principales aliados en el poder, teniendo en algunos casos extremos que tomar medidas ejemplarizantes para ‘sanear‘ a la Revolución. Sin embargo, ante su ausencia física, se han desatado todos los demonios del chavismo, bien sea por dolor ante la ausencia de su fundador o por desconcierto ante el futuro inseguro de la Revolución, pero en todo caso lo que está claro es que se movieron los cimientos del Proyecto Bolivariano, y con ello la carga emocional que representa en este proceso de transición llamado postchavismo. Algunos opinadores de oficio consideraban inminente una lucha intestina; otros mucho más pragmáticos se inclinaban por la conveniencia del chavismo de permanecer unido para salvar a la Revolución, el legado histórico del Comandante Supremo. Lo vivido el 10 de Enero dejaba desconcertados a muchos que esperaban una batalla campal y que no llegó siquiera a un conato. Un hecho cierto es que el chavismo, luego del 5 de Marzo está condenado a permanecer como esos matrimonios ‘bien avenidos‘ que duermen en habitaciones separadas. En el chavismo hay varias facciones con Agenda particulares y no necesariamente coincidentes. La necesidad de permanecer en el Poder hace imprescindible que las facciones que conforman el chavismo permanezcan unidas, pero además resulta imperativo que ninguna de ella se fortalezca. En el postchavismo, todas las facciones se encuentran lo suficientemente débiles como para necesitar de esa cohesión. La tarea de cada una de ellas será procurar imponerse sobre las demás. Lo que observamos es precisamente esa lucha. No solamente los audios son expresiones de la medición de fuerzas en el postchavismo, las reacciones de los poderes son parte de ese juego: la salida de algunos actores, momentáneamente, son parte de los movimientos como en un tablero de ajedrez. Los que no estamos en la jugada somos nosotros. Y si no entendemos el juego corremos el riesgo de perdernos, porque no se trata del movimiento sino de la racionalidad del mismo. En el postchavismo cada día hay una negociación, hay entrega y una momentánea tregua. No es fácil estar en el Gobierno por estos días. Y eso se nota con meridiana transparencia. Debatir si Diosdado fue a recibir órdenes a Cuba o si lo del ‘chip‘ en el Zulia fue una prueba piloto, palidece ante la realidad atroz que se cierne sobre la nación venezolana, con los indicadores económicos que se están divulgando. Con lo único que cuenta el postchavismo para permanecer unido, es la necesidad de conservar el poder, y eso es razón más que suficiente para luchar, por cualquier medio. Pero eso también tiene un alto costo. Y seguramente lo van a pagar.

"La Renuncia" - Monólogo presentado por la profesora Aurora Olivieri en el anfiteatro de la Biblioteca de la Universidad Simón Bolívar.

jueves, 6 de junio de 2013

EDUCACIÓN Y FUTURO: La Universidad Autónoma de Venezuela

EDUCACIÓN Y FUTURO: La Universidad Autónoma de Venezuela La Universidad ha sido en la historia política reciente, ejemplo de la transformación que la sociedad venezolana ha experimentado, en buena medida, gracias al proceso de masificación de la enseñanza que sin duda contribuyó a darle movilidad social al ciudadano venezolano, por lo que es posible encontrar una valoración positiva muy significativa sobre la Educación, en todos sus niveles, y especialmente, en el Universitario. Eso explica el lugar que tiene el Profesor Universitario en la sociedad venezolana. En la obra The Road to Academic Excellence The Making of World-Class Research Universities (Philip G. Altbach and Jamil Salmi, Editores:2011), encontramos una muy interesante reflexión sobre el propósito de la Universidad y de las condiciones necesarias para ello. “La Educación, o más específicamente, la Educación Superior, es la vía para el empoderamiento de las personas y el desarrollo de las Naciones. Esta práctica es tan generalizada que las Naciones están luchando por crear instituciones y organizaciones que faciliten el proceso de creación de conocimiento. La generación de conocimiento ha sustituido la propiedad de bienes de capital y la productividad del trabajo como fuente de crecimiento y prosperidad. Innovación es visto como el mantra para el desarrollo. La Universidad moderna es el espacio ideal para el ecosistema de eruditos para buscar nuevas ideas en un espíritu de libre investigación. La creación de conocimiento requiere de una red de expertos activamente vinculados a su pesquisa porque la búsqueda de lo desconocido es producto de mentes comprometidas, desafiando constantemente lo conocido en un entorno propicio. En la historia humana, la Universidad ha sido una de las grandes instituciones que ha surgido y persistido. Su estructura, sin embargo, ha cambiado durante siglos“ (2011: xiii). En los últimos 14 años de gobierno en Venezuela, hemos sido testigos de políticas educativas que rompen con ese propósito, cuando la búsqueda del conocimiento es considerada como contraria a los objetivos de un proyecto político que privilegia la sumisión ideológica en lugar del debate y la discusión. Cuando se promueve una legislación que condiciona el pensamiento, exigiendo la consagración a un solo modelo, se obvia la naturaleza comprometida con la creación de conocimiento, donde se procura una simple transmisión de “saberes“ como si se tratase de productos prefabricados o ya digeridos, que no estén sujetos a discusión alguna. Por supuesto que en estos 14 años, al Gobierno le ha sido muy difícil someter a la Universidad Autónoma, no solamente en términos electorales sino fundamentalmente, en cuanto a lo ideológico. Es en esa naturaleza cuestionadora, nada conformista y muy batalladora que la Universidad venezolana se encuentra, como siempre ha sido en su historia, resistiendo el deseo del poder político de arrodillarla, a través de la asfixia financiera, por lo que las condiciones son sin duda, las más dramáticas que le ha tocado vivir en términos materiales. Hablemos de esa realidad: SALARIO El salario mínimo en 1999 estaba en 120 Bs (198,12$) y el cambio en 699 Bs (0,6057 Bsf) por dólar con una inflación ubicada por el orden del 20,03%. En 2013 el Salario Mínimo es de 2.457,02BsF (390$ a razón de 6,30 BsF por dólar), con la Canasta Alimentaria Normativa (Mayo) situada en los 2.411 BsF y la Canasta Básica Familiar en 10.441,02BsF. La Tabla Salarial de los Profesores Universitarios es la siguiente: Eso explica sin duda el porqué de las distorsiones que observamos en las dos gráficas previas, entre los Militares y los Universitarios, y queda claro que no existe una correlación entre la Universidad como generadora de conocimiento para el desarrollo social y el objetivo de utilizar a la Educación como un recurso de adoctrinamiento. Ante esa realidad, a la que la Universidad venezolana se ha negado, es que se encuentra luchando porque no se trata solamente de un Salario Justo y Digno, es el derecho a ejercer la labor universitaria con dignidad, sin ser sujeto de subordinación a ninguna corriente de pensamiento, sin ser esclavo de un proyecto político, porque la Universidad venezolana no dejará de ser lo que ha sido siempre, un espacio de lucha para aquellos que solo tienen las armas de las Ideas.

miércoles, 10 de abril de 2013

XII Simposio Nacional de Ciencia Política UCV 2013

El XII Simposio Venezolano de Ciencia Política se celebrará en la Universidad Central de Venezuela , del 4 al 6 de noviembre de 2013. E...

miércoles, 20 de marzo de 2013

Instituciones y Estado en Venezuela: Crónicas de la crisis institucional venezolana (Disponible en Amazon)

Este trabajo recoge reflexiones hechas en diferentes momentos sobre el tema de la crisis institucional en Venezuela. El establecimiento de la democracia venezolana ha tenido un camino difícil, lleno de avances y retrocesos, donde ha sido importante la paciencia de la sociedad, ante una sucesión de gobiernos deficientes y desacertados, que han representado un modelo político resistente a las presiones sociales, hasta provocar su agotamiento. La institucionalidad política en Venezuela en los últimos veinte años, ha sido un reflejo de las trampas de la búsqueda del poder como un fin. La perversión de mantener un orden institucional, cada vez más alejado de la sociedad, abrumado por los excesos de la élite en el poder, condujo inevitablemente a la sustitución de una élite por otra, completamente diferente en las formas, pero muy similar en su capacidad destructiva.

The Chávez Way by Robert Skidelsky - Project Syndicate

The Chávez Way by Robert Skidelsky - Project Syndicate

jueves, 7 de marzo de 2013

Venezuela: the clock is still ticking

Not everyone in the Opposition was convinced that with the October 7 elections the political chapter was to be closed for another six-year presidential period. There had been a sustained skepticism surrounding Hugo Chavez and his true health condition, although some also were persuaded that it had been a well-conceived act put to exploit the “people‘s“ affection and win comfortably his presidential bid. In such a polarized political scenario, no one would dare to assure or assess the upcoming political situation for the country. When, in a national address on December 8, Chavez told the venezuelans he was leaving for Cuba, in order to have a new surgery, he appointed his heir, Nicolás Maduro, the Vice President, to be his “possible successor“ in case he wouldn‘t be in conditions to assume Office. From that moment on, speculations began and since they have only become worse, not only because of Chavez long absence, scarce “proof‘s of life“ and mysterious arrival, but the incontrovertible fact that there is no legitimate Government, even with the nuance of approval from de Supreme Justice Tribunal, it has given not only the Opposition but his own followers any motive of trust towards what heads in the future in relation to the President and his exercise of power. Meanwhile, political parties among the Democratic Unity Table (MUD) battle internally with their own demons as well as with those in charge of the Government, who accuse the Opposition of being senseless and inhuman as they demand information about Chavez and when will he assume Office. But the truth within is that the Opposition knows it needs to prepare for a very possible presidential election in a short time, only that it must, out of respect for the President‘s health condition, show some discretion, as well as the very little resources it was left with after the campaign last year, which is in any way a concern for the Government in case there is a new election. This overlook is not easy at all, there is a lot of advantage for the Government, not only because of their control of the political institutions that could eventually put the problem into debate and resolve it but, the personal health issue is a sensitive one that has much more influence on people than the absence of Government by itself. What is missing here in this equation is the economical perspective, that could be, if only, the probable cause for the Government to loose grip of the country. That has just started with the devaluation of the local currency (Bolívar Fuerte), for a 46,5% approximately, dragging the country in a spiral of inflation and shortage of goods, a problem that is not new and has not been addressed by the Government, with the ticking time bomb of a much more strong need for further policies to correct the insufficiencies the budget is presenting, the much feared rise of gas, a decision that since the Caracazo, (February 27, 1989) is seen as a social explosion cause. The country is divided, there is a political crisis of great dimensions, a social fracture as well, and to seal this time bomb, there is a failure to create conditions for an oil-based economy with enormous income to make wiser decisions regarding its redistribution. The problem is not only the financial burden of Cuba, Bolivia and Nicaragua in Venezuela‘s economy, it is also the domestic policies such as gas subsidized prices that put a toll on the economy that it no longer can resist. The clock is still ticking and it seems no one is ready to deactivate that bomb.

#BetaPolítico #6 El Beta del inicio del postchavismo

lunes, 4 de febrero de 2013

Cultura militar y cultura democrática

Cultura militar y cultura democrática: elementos para la definición de la cultura política en Venezuela
María Isabel Puerta R.
Faces-Universidad de Carabobo

La cultura política venezolana está profundamente articulada con la cultura democrática, así como también en ella se encuentra un espacio significativo para los valores de la cultura militar que ha formado parte de nuestro imaginario colectivo desde nuestros inicios como república. La aspiración como sociedad a que la cultura democrática logre imponerse por encima de tentaciones de naturaleza autoritaria, es en esencia lo que ha caracterizado a la cultura política venezolana: una fe inquebrantable en la libertad. Esta reflexión recoge la influencia de dos visiones del mundo: la de civilidad democrática y la de institucionalidad militar, en el intento de construir a la nación política.

PALABRAS CLAVES: Cultura política, Democracia, Cultura Militar

Military culture and democratic culture: elements for the definition of the political culture in Venezuela

The Venezuelan political culture is deeply articulated with the democratic culture, as well as within is a significant space for the values of the military culture that has comprised our imaginary group from our foundations as a republic. The aspiration of society that the democratic culture manages to prevail over temptations of authoritarian nature, is in essence what has characterized the Venezuelan political culture: an unbreakable faith in freedom. This reflection gathers the influence of two visions of the world: the one of democratic civility and the one of military institution in the attempt to construct the political nation.

KEY WORDS: Political culture, Democracy, Military culture
INTRODUCCIÓN

El Sistema Político Venezolano se consolidó  a partir de un acuerdo político en el que participaron los principales actores políticos de ese momento histórico (1958) que firmaron el Pacto de Punto Fijo, donde se establecieron las reglas que habrían de controlar el juego democrático, definiendo así el objetivo fundamental del mismo:  la consolidación del régimen democrático. Los partidos políticos Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) y Unión Republicana Democrática (URD); el principal organismo económico nacional, Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (FEDECAMARAS), la Central Obrera, Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV); Fuerzas Armadas e Iglesia Católica se comprometieron a actuar solidariamente para preservar la naciente democracia, con lo cual se concretó un importante vínculo entre partidos, grupos económicos y Estado. Las Fuerzas Armadas sirvieron de garantía para la continuidad democrática y la Iglesia Católica representó el apoyo moral al naciente régimen.

Este conjunto de correlaciones de fuerzas políticas, económicas y sociales definieron el sistema hegemónico que predominaría en nuestro país. Los partidos políticos se convirtieron en los actores públicos de mayor peso y los grupos económicos tradicionales se mantuvieron en una excelente posición para la preservación de sus privilegios de clase.

Inicialmente, el pacto funcionó a través de un consenso activo. Sin embargo, a medida que los distintos actores sociales se fueron posicionando dentro del bloque establecido, quedó clara la vulnerabilidad de las clases subalternas ante los grupos dominantes, pues evidentemente habían sido desplazadas; prueba de la desactivación de las fuerzas subalternas es la exclusión del Partido Comunista de Venezolano (PCV) del acuerdo y el desplazamiento de la Junta Patriótica.

La relación entre Estado, partidos políticos y grupos económicos no sólo favorecía a los últimos, sino que lesionaba significativamente los intereses de las clases subalternas.  Las demandas de la sociedad debían ser canalizadas a través de las estructuras partidistas, pues estas organizaciones políticas habían penetrado todas las instancias del Estado (aparato burocrático).

La hegemonía de la clase dominante sobre las clases subalternas que en un principio fue lograda a través del consenso, se mantuvo por la represión y la coerción del aparato burocrático degenerando en un consentimiento pasivo, -ubicándose éste en el momento en que URD se retira del Pacto de Punto Fijo- que vendría a caracterizar nuestro bloque histórico.

Dentro del proceso de desarrollo del bloque histórico en el seno del sistema político, se fueron generando una serie de vicios y fallas que posteriormente conformarían el escenario para la aparición de la crisis hegemónica que se manifiesta hacia finales de la década de los 80 y principios de los 90, “… es en el funcionamiento del sistema político –en tanto en él se colocan los compromisos constitutivos- donde se halla la clave del funcionamiento y de la crisis del Estado… (Portantierro, 1981: 25).

La corrupción, ausencia de liderazgo, crisis de valores y pérdida de legitimidad de las instituciones representan las manifestaciones visibles de la crisis hegemónica, que no es otra cosa que el agotamiento de la estructura de las correlaciones de fuerzas políticas, económicas, sociales y militares.

La crisis hegemónica viene dada por la conjunción de las variables mencionadas que implican una crisis política, pues se refieren al desplazamiento de los actores que intervienen en el mantenimiento de un orden global; las relaciones internas entre todos los componentes del sistema político sufren un proceso de reubicación en el bloque histórico.

Una vez que las instituciones fundamentales del sistema político comienzan a ser cuestionadas, el sistema hegemónico se resiente, pues la acción hegemónica se fundamenta en la capacidad directiva que tiene la clase dominante para mantener el orden establecido en función de sus intereses.

El sistema político en la figura de sus instituciones permitió que se instituyera la cultura de la corrupción, pues el clientelismo político y el consumismo delinearon las pautas para satisfacer necesidades, por ello se hizo de la corrupción una forma de vida. La omnipotencia del poder, la indiferencia de los dirigentes políticos hacia las necesidades de las clases subalternas, establecieron la ausencia de líderes de la escena política. La sustitución de nuestros valores tradicionales por aquellos producto de un intenso proceso de alienación, explica la actitud pasiva de la sociedad ante la incapacidad del sistema de resolver sus problemas.

Finalmente, dada la pérdida de legitimidad de nuestras instituciones fundamentales expresadas a través de su poca credibilidad y representatividad: legisladores, jueces, políticos, etc. fueron rechazados por las clases subalternas al ser vistos como responsables del deterioro moral del país, pues no han sido capaces de cumplir con el rol para el cual fueron elegidos.

Siendo el 27 de febrero  de 1989 la  primera manifestación de la fisura del bloque histórico, comenzó a hacer crisis la hegemonía que había caracterizado al país por más de 30 años. La población fijó ante la clase dominante una posición de rechazo al sistema y por consiguiente, de repudio al pacto institucional: aquí se caracteriza la crisis hegemónica, cuando se desconoce el pacto constitutivo del sistema hegemónico. La evolución de la crisis hegemónica siguió su curso, pues la clase dominante solo usó el recurso de la represión para tratar de mantener el relativo orden.

La clase dirigente y los grupos económicos fueron sordos ante el clamor popular de un cambio en las relaciones de poder. A pesar de la permanente amenaza de una nueva protesta social, el poder político ignoró la situación, hasta que otro actor social apareció en el escenario político, agudizando el problema.

El 4 de febrero de 1992 se produjo el primero de dos intentos de golpes de Estado que sucedieron ese año. Un sector de la oficialidad de las F.F.A.A. de baja y media graduación se rebeló por cuanto el poder político estaba atentando contra la institucionalidad, siendo incapaz de cumplir con la función de representar y defender los intereses de las clases subalternas, tal como lo refiere uno de sus protagonistas:

La corrupción ha invadido a las Fuerzas Armadas Nacionales, como lo demuestra la alarmante cantidad de hechos reñidos con la moral y la ley, favorecidos con la intromisión de la política en su seno, rompiendo el principio básico que nutre la disposición al sacrificio que todo militar debe ofrendar a su patria: el mérito.

Se ha llegado a convencer al militar… que el apoyo político, y no la conducta, la ética y la capacidad, es indispensable para los ascensos en particular en los grados más elevados. Esto ha causado una honda desmoralización en nuestras FF.AA… (Gruber, 1993, p. 182)

Ese mismo año, el 27 de noviembre un  grupo de oficiales de alta graduación conspiró argumentando básicamente las mismas razones del primer grupo, aunque con diferente inspiración ideológica. Con esta segunda intentona golpista quedó definido el resquebrajamiento del bloque histórico construido sobre las bases del Pacto de Punto Fijo y se agudizó la crisis hegemónica. El sistema iniciado bajo el compromiso de obedecer una determinada línea de acción política, fue cuestionado por uno de sus miembros fundamentales.


 INFLUENCIA DEL PRETORIANISMO EN EL SISTEMA POLÍTICO VENEZOLANO

La Institución Militar en Venezuela, sin duda alguna, ha sido un actor político fundamental, no sólo a los efectos de la consolidación del sistema político,  sino también de su sostenimiento, independientemente de su capacidad para mantener el control político exclusivo.

Esta circunstancia nos remite necesariamente a buscar las razones de tal comportamiento en los principios del Pretorianismo, definido por Samuel Huntington (1972: 177) como “la intervención de los militares en política.”
                                       
En este sentido, Huntington señala que es necesario distinguir las causas, de las consecuencias de la intervención. Para este autor existe una estrecha relación, que a veces ni siquiera se distingue, entre la intervención política y el faccionalismo militar, lo que pone de relieve el hecho causal: las mismas son siempre políticas y no militares. El intervencionismo no refleja las características sociales u organizacionales, sino la estructura política e institucional de la sociedad, con lo que queda clara la elevada politización de las instituciones sociales.  Es decir, que es la misma sociedad la que necesita de esa intervención de la institución militar?

En otra definición, Mayer citado por Irwin (2002: 324) destaca que una sociedad pretoriana es aquella en la cual los militares juegan de manera ampliamente desproporcionada un rol político, esto debido al bajo nivel de institucionalidad desarrollado.

Por su parte López (en: Bobbio, Matteucci y Pasquino: 970) señala que la explicación del Militarismo se fundamenta en el aspecto situacional, en el que la inestabilidad política y la insuficiencia hegemónica conducen a la participación de los militares en la vida política.

En este sentido, resulta imprescindible diferenciar el Militarismo del Pretorianismo. En su acepción más amplia, el Militarismo hace referencia a una situación política en la cual el sector militar de una sociedad dada por una suerte de metástasis invade ésta, llegando a dominar todos los aspectos fundamentales de la vida social. (Irwin: 249)

Mientras que para Mundell citado por Irwin (2001: 250) señala que se da el Pretorianismo cuando: ...el sector militar de una sociedad dada ejerce influencia política abusiva recurriendo a la fuerza o la amenaza de su uso. Es una abusiva conducta militar para con la sociedad en general y particularmente la gerencia política de una sociedad dada.

El Pretorianismo, como modelo de ejercicio político, puede presentarse según Huntington de tres formas: (1972: 180)

  1. Pretorianismo Oligárquico: se caracteriza por la existencia de camarillas personales y de familia.
  2. Sociedad Pretoriana Radical: Grupos institucionales y de Ocupaciones.
  3. Pretorianismo de Masas: Clases y movimientos sociales que dominan la escena.


Por su parte, Perlmutter citado por Irwin (2002:252) elabora una tipología del Pretorianismo en la que este puede presentarse antes del nacimiento de la institución militar formal: Histórico o se trata de una modalidad más propia de sociedades con institución militar consolidada: Moderno. El Pretorianismo Moderno puede ser latente o potencial, es decir que puede ser estimulado, o ser actuante o manifiesto, es decir más activo, como en el caso de los intentos de golpe. El Pretorianismo Actuante puede ser Gobernante o Arbitro. El modelo Gobernante puede darse por la vía Actuante, a través de golpes militares o Potencial, mediante el tutelaje militar al que se somete la sociedad. Finalmente el Árbitro, ocurre en aquellas sociedades donde la institución militar es quien dirime los conflictos de los civiles.

El Pretorianismo encuentra terreno fértil en América Latina, debido a la inexistencia o debilidad de las instituciones políticas y sociales. La ruptura colonial dejó como herencia instituciones muy frágiles que no pudieron soportar por una parte la desarticulación y por la otra el vacío, lo que fue ocupado por la violencia  y los regímenes militares.

La inestabilidad política hace su juego en la medida que las fuerzas sociales no logran construir un entramado institucional sólido, con lo que la insuficiencia hegemónica, vista como la incapacidad de sector social alguno para imponer su proyecto a la sociedad en forma perdurable a partir de modalidades consensuales de dominación (Bobbio y otros, p. 972), genera las condiciones suficientes para justificar la incursión militar en la escena política.

En América Latina, el militar es visto como la tabla de salvación, el gendarme necesario o el salvador de la patria. Es una concepción de tanto arraigo, que han sido numerosas las dictaduras militares que se han instaurado en el hemisferio, con el propósito de garantizar la paz social y la estabilidad política como justificación.

En el Pretorianismo, el Ejército intercambia autonomía funcional por influencia política, como ocurre con otros actores políticos: los estudiantes que conjuntamente con los intelectuales y los militares, conforman las fuerzas activas del modelo pretoriano.

Los militares, en el Sistema Pretoriano Radical, solamente actuarán cuando la polarización entre las fuerzas sociales sea extrema. Sin embargo si llegan a identificarse con el régimen existente o muestran lealtad, las fuerzas contrarias no pondrán en peligro al gobierno.

El vínculo del poder civil con la institución a través del Alto Mando Militar, que ejerce inevitablemente una influencia incuestionable sobre las decisiones civiles, define al sistema político venezolano, caracterizándose por una institución que dado el monopolio legítimo de la violencia física que ejerce, en ocasiones no esconde su aspiración a lograr el control político, que justifica en el poder y la dominación que despliega a través del uso de la coerción.

Es la ausencia de control civil, definido como la subordinación del sector militar a las autoridades civiles legalmente constituidas (Olivieri y Guardia, p. 8) lo que ha permitido que la Institución Militar mantenga una relación de dominación sobre el poder civil,  dado el monopolio de la violencia física que ejerce.

Nuestra tradición, desde la propia independencia, ha sido la del militar en el poder o muy cerca de él. La Fuerza Armada ha sido un actor político relevante en el ámbito de las representaciones sociales, con una influencia desmedida en la política nacional (Olivieri y Guardia, p. 6).

La razón la podemos encontrar en la realidad de un modelo de tutelaje militar que inevitablemente nos está conduciendo hacia el desarrollo de formas pretorianas de ejercicio del poder (Olivieri y Guardia). Vemos como para el civil la paradoja del militar se resume en la potestad del uso de las armas, de lo cual tiene su monopolio, que es lo que finalmente le va a permitir ejercer ese control político.

El sostenimiento del modelo democrático ha descansado históricamente en el apoyo de la Fuerza Armada, a través del Alto Mando, quien no solo controla a la institución, sino que además, tiene la potestad no otorgada pero ejercida,  para desconocer y reconocer el poder político civil de la nación, en lo que pareciera ser una clara evidencia del control político.

Sin embargo, en algunos episodios históricos hemos observado como la Fuerza Armada no logra en su totalidad el control político interno y externo: en los dos intentos golpistas del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre de 1992, los cuadros medios de la FAN en el primero y la alta oficialidad en el segundo, no logran una intervención definitiva del poder civil, por lo que se puede encontrar un cierto paralelismo con los sucesos de Abril de 2002, cuando el Alto Mando en una serie de decisiones contradictorias, definitivamente se desarticula como una estructura de poder -es decir, como actor político- lo que permite finalmente poner en duda su capacidad para mantener el control político exclusivo dentro del  sistema político.


 CONCLUSIONES


La cultura política en Venezuela resulta ser el encuentro de la herencia de quienes nos conquistaron conjuntamente con las particularidades que se fueron incorporando a partir del mestizaje social. En esta reflexión, hemos intentado describir las características de la democracia venezolana, para procurar dibujar lo que ha sido el fundamento de nuestra cultura política.

A pesar de que nuestra Democracia fue consagrada constitucionalmente como representativa, este modelo no ha podido ser desarrollado por completo. Precisamente nuestra crisis de legitimidad es producto en gran medida de la escasa representatividad de nuestros dirigentes políticos; ello se debe fundamentalmente a la ausencia de credibilidad en su liderazgo.

La clase política venezolana descuidó su responsabilidad de orientar y guiar a sus electores y en lugar de ello se dedicó a fortalecer su posición hegemónica, defendiendo intereses particulares. La imagen del dirigente político se fue desvirtuando de tal manera que el venezolano no tuvo un líder en quien creer, a quien seguir.

Bajo estas condiciones, las relaciones de poder no permitían articular las demandas de sectores subalternos, para hacer efectiva su participación en la llamada Democracia Consensual, que el venezolano podía ejercer comicios electorales; la forma más usual era a través de la vinculación con uno de los partidos políticos del estatus (el clientelismo político). A medida que fueron perdiendo representatividad, el gobierno y las instituciones, aumentaron su ilegitimidad y en consecuencia contribuyeron a la  desvalorización del régimen democrático.

Así se fue desarrollando un modelo hegemónico que terminó destruyendo la esperanza en una verdadera Democracia, pues el venezolano común, el sistema político venezolano no representaba sus intereses, no había posibilidad de participar en el proceso de toma de decisiones que le afectaban, no había líderes: un régimen que no refleja los valores del colectivo no tiene credibilidad.

Son muchos los factores que indican una crisis de hegemonía, pero en el objeto de esta reflexión, la pérdida de legitimidad es la manifestación más importante, por cuanto es el que mayor efecto genera en la institucionalidad democrática venezolana.

De la crisis militar podemos obtener referentes valiosos para poder comprender el agotamiento del modelo hegemónico venezolano. El 4F reveló el resquebrajamiento de la unidad interna de la Fuerza Armada, el 27N reflejó el descontento de algunos sectores militares con la corrupción moral que se apoderó de la cúpula militar.

Además, hay un hecho clave para fortalecer la idea del peso que tiene en la crisis hegemónica la pérdida de legitimidad: los valores y principios que salieron a defender y rescatar a los insurrectos, no son los mismos que le escuchamos a nuestros dirigentes políticos. Ahora bien, en las clases populares, a pesar de que no hubo un apoyo masivo a los alzamientos, la similitud de ideas y necesidades, es innegable. Las banderas de los movimientos insurreccionales fueron las mismas de los sectores subalternos: el rescate del país a través de una reconstrucción moral.

Esa articulación, probablemente lo que refleja es que la Fuerza Armada es un garante de la institucionalidad, pero también se puede comportar como actor político, por cuanto no está impedido de reconocer las debilidades institucionales y que por una tradición histórica de carácter hemisférico, ha tenido que actuar decididamente para preservar el equilibrio político en numerosas oportunidades.

En síntesis, nuestra cultura política está profundamente articulada con la cultura democrática, pero en ella también se encuentra un espacio significativo para los valores de la cultura militar de la cual no podemos distanciarnos porque ha formado parte de nuestro imaginario colectivo desde nuestros inicios como república. Quizás lo cabe esperar es que la cultura democrática logre imponerse por encima de tentaciones que pretendan ignorar lo que en esencia ha caracterizado a la cultura política venezolana: su fe inquebrantable en la libertad.

BIBLIOGRAFÍA
Bobbio, N., Matteucci, N. y Pasquino, G. (2002) Diccionario de Política. 13ª ed. México: Siglo XXI Editores S. A. de C. V.

Huntington, S. (1972) El orden político en las sociedades en cambio Buenos Aires: Paidós

Irwin G., D. (2002) Comentarios sobre las Relaciones Civiles y Militares en Venezuela, Siglos XIX al XXI. Edición: No Publicada. Caracas.

Olivieri, G. e I. Guardia (2003) El fogonazo venezolano: la crisis de abril de 2002. Una explicación de la violencia política en Venezuela. [Tesis en línea] Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela. Consultada el 13 de marzo de 2005 en: http://www.ndu.edu/chds/redes2003/Academic-Papers/6-Military- Sociology/3-Military-Civilian-Relations-LATM/4%20 Guardia-final.doc

Portantierro, J. (1981)  Sociedad Civil, Estado, Sistema Político. México: FLACSO.