domingo, 30 de marzo de 2014

¿Y tú, qué propones?

En 1998 Hugo Chávez gana las elecciones, con el 56,20% de los votos, y una abstención de 36,5%. En la llamada “relegitimación“ de 2000, vuelve a ganar con el 59,76% de los votos, y una abstención de 43,8%. Luego, en 2006, Chávez gana con el 62,84% de los votos, y una abstención de 25,3%. En 2012, las últimas elecciones, gana con el 55,07% de los votos, y una abstención de 19, 51%. En 2013, las elecciones las gana Nicolás Maduro, con un 50,66%, con una abstención de 21,29%. Luego de la abstención, en 2006 Chávez ganó de manera contundente las elecciones presidenciales y además con una menor abstención, en comparación con la de 2000. En 2012 disminuye su porcentaje, de forma considerable, pero aumenta la participación electoral. En 2013 se reduce la brecha electoral y disminuye aun más, la abstención. Allí se encuentra expresado el comportamiento electoral del venezolano, y hay que aprender a leerlo. A pesar de los incentivos (de la antipolítica favorable al abstencionismo), existe una clara vocación democrática en el ciudadano venezolano. Sin embargo, la salida a la crisis del sistema político venezolano, no es exclusivamente electoral, eso también lo sabemos. El ejercicio del voto, que es uno de los atributos de la democracia, necesita además de la garantía y protección de otros derechos. Tanto en el ejercicio como en el reconocimiento: libertad de expresión, libertad de pensamiento, derecho a la protesta, derecho a la información, libertad de asociación con fines políticos, derecho a postular candidatos y reconocimiento de esos derechos políticos. Chávez entendió, luego de haber promovido la abstención electoral, que no había otra vía para alcanzar el poder. Su esfuerzo, no solamente se vio recompensado con el triunfo electoral, sino que se mantuvo hasta el final de sus días, con la convicción de la vía electoral para garantizarse la legitimidad de un dudoso ejercicio democrático. Sin embargo, la democracia electoral, es insuficiente para hablar de una democracia sana. La desconfianza hacia el Consejo Nacional Electoral y su adhesión al proyecto político chavista, son una parte del problema. Sin embargo, la superación del modelo autoritario, que encarna el proyecto político chavista, tiene más obstáculos que lo meramente electoral. En principio, está el aspecto cultural, como núcleo fundamental de la política, y que en nuestro país, se presenta con notables debilidades. Luego está el contexto social, con profundas contradicciones, que se expresan en las distorsiones que trascienden el debate de la estratificación socio-económica. El entorno económico, que tiene una indiscutible influencia en la dinámica de las relaciones que se desarrollan en el sistema político. Y finalmente, la esfera política, a la que están dirigidos los ataques producto de las frustraciones que arrastra un país, partido en dos, con más promesas que realidades cumplidas. En lo cultural, seguimos atados a un pasado de raíces caudillistas, el deseo de salvación mesiánica encarnada en un hombre fuerte, preferiblemente un militar que “ponga orden“, asumiendo una responsabilidad para la cual muchos se sienten incapaces de cumplir. La sumisión política, de la que habla Ángel Oropeza (2007) constituye un rasgo importante en la comprensión de la cultura política del venezolano, porque en ella hay la necesidad de obedecer sin cuestionar; su intolerancia hacia las críticas es un reflejo de la inseguridad que siente ante la amenaza que representa la posibilidad de cuestionar “su verdad“; la sumisión va acompañada de un rechazo natural hacia lo complejo, la necesidad de creer en verdades absolutas, por eso en la sumisión, el discurso político es sustituido por consignas –slogans- que reemplazan la necesidad de pensar por sí mismos. Es posible encontrar en la sumisión política elementos vinculantes con pobreza intelectual y orfandad emocional, dada la necesidad de buscar en el poder un sustituto de la figura paterna. En lo social, es evidente que los valores y su jerarquización han alcanzado tal grado de distorsión en nuestra sociedad, que los problemas sobre las motivaciones que como sociedad tenemos, no discriminan por estrato socio-económico. Nuestras carencias sobre los asuntos que son realmente fundamentales: respeto, compromiso, honradez, solidaridad, decencia; han dado paso a otro conjunto de valores: revanchismo, riqueza material, aprovechamiento, superioridad, competencia. Un país donde es factible que una persona de una zona acomodada y otra de un sector popular, estén convencidas que su futuro no depende de Educación o Trabajo, porque no representan un logro sujeto a reconocimiento social, es el síntoma de un problema mucho más complejo: una sociedad descompuesta. En lo económico, atravesamos la crisis del modelo rentista, que habiendo promovido la dependencia de todos los estratos sociales, contribuyendo con la situación descrita en el ámbito de los social, ahora ante la disminución de recursos a redistribuir, se enfrenta al caos de un sistema que no tiene capacidad para enfrentar las demandas de la sociedad, por su precariedad estructural y un modelo normativo en conflicto con la economía abierta. En lo político, tenemos un Gobierno en manos de una clase política pervertida, tratando de mantener juntas las piezas de un rompecabezas político donde la sumatoria de intereses no es equivalente a la capacidad clientelar que tuvo en el pasado. Por su parte, el régimen cada vez se compromete más para garantizarle piso jurídico a los abusos que comete el Gobierno, y así afianzar su control, que es más difícil de cumplir sin apartarse del ideal democrático. Por su parte, la Oposición se mueve entre quienes insisten en sacar al Gobierno, como sea y quienes entienden que no habrá posibilidades de una transición pacífica hacia la democracia, sin el concurso de una mayoría sólida, y no dos bloques irreconciliables. Entonces, ¿cómo superar una cultura política precaria, con disonancias en lo social, retos en materia económica y grave crisis de representatividad política? Mi propuesta, consiste en cinco (05) pasos; 1) Organización social: Antes de pensar en cambiar el Gobierno, es necesario un esfuerzo de organización social. No podemos reconocernos como sociedad si no contamos con una capacidad asociativa real en la que se encuentren claramente los intereses que nos unen, eso es indispensable para emprender un cambio significativo. De lo contrario, la falta de cohesión será más fuerte que las diferencias, que son razonables. 2) Agregación y articulación de demandas: La expresión de los problemas sociales está dirigida hacia otra instancia y es la política. Las organizaciones sociales promueven causas y establecen prioridades; los partidos políticos agregan y articulan esos causas (problemas), conjuntamente con las organizaciones sociales. En la dinámica política, el esfuerzo de los partidos no se limita solamente a llegar al poder para ejercerlo, sino a propiciar acciones dirigidas a responder a los requerimientos de la sociedad: decisiones públicas, aprobación de leyes y asignación de recursos. Para lograr esas respuestas, se necesita de la capacidad organizativa de los partidos políticos, porque mientras las organizaciones sociales tienen intereses concretos a las que dedicarse, los partidos abarcan un mayor espectro. 3) Comunicación y coordinación: El trabajo de las organizaciones políticas y sociales requiere de una amplia difusión de los propósitos y de un esfuerzo coordinado. Las organizaciones sociales y los partidos políticos que mantienen presencia en todos los sectores de la sociedad, cuentan con liderazgos naturales, no son solamente los nacionales, son los comunitarios, los de base. Sin embargo, el verdadero tema en discusión no es tanto el liderazgo, como la representatividad y ese es uno de los problemas a resolver. No se trata de ir a las comunidades a “llevar un mensaje“, en una suerte de “conquista y colonización“ de los sectores populares, porque las comunidades conocen de sobra sus problemas y tienen interlocutores, no necesitan importarlos; lo que las comunidades requieren es ser escuchadas y para eso más que liderazgo, lo que se necesita es representatividad 4) Estrategias de acción: En circunstancias cada vez más restrictivas para el ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos, la capacidad de expresión de los reclamos debe combinarse con la innovación y la diversidad, a mayor representatividad y variedad de las expresiones, mayor impacto en los centros de decisión política. 5) Integración: Cuando los problemas han sido identificados, para luego ser agregados y articulados; expresados en reclamos al sistema; canalizando su expresión por cualquier vía (desde proyectos de leyes hasta manifestaciones); logrando la concreción en un ciclo del concurso de todos los sectores sociales, que por encima de sus diferencias políticas (ideológicas) encuentran en sus problemas elementos en común, se logra la construcción de una mayoría política. La mayoría política que necesita Venezuela, para salir de la crisis en la que el proyecto chavista la ha sumido, no requiere de una confluencia ideológica, ni de un partido único, tampoco de un proyecto excluyente. Se trata de consolidar una mayoría sobre la base de los elementos unificadores, los problemas que afectan a la mayoría de la población. Allí no hay distinciones relevantes: las restricciones políticas y las limitaciones de la economía no discriminan si son simpatizantes o no del chavismo. A los estragos que la delincuencia común ha causado en la población, ahora se suman las violaciones a los DD.HH. que los organismos de seguridad y Fuerzas Armadas del Estado, han cometido en contra de ciudadanos civiles, de cualquier filiación política, colocando del mismo lado a muchos venezolanos que estaban separados por un discurso político. Esos intereses comunes son los que hay que identificar y articular. Hasta que eso no se transforme en unidad de propósitos, nada de lo que se haga será suficiente para sustituir por la vía constitucional, al Gobierno de Maduro.

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