Sunday, September 13, 2009

EPISTEMOLOGÍA DE LA COMPLEJIDAD

EPISTEMOLOGÍA DE LA COMPLEJIDAD

La aproximación a la Epistemología de la Complejidad plantea una interrogante que encierra los tres grandes obstáculos que enfrenta Morin en la construcción de su método, quien en el primer volumen, La Naturaleza de la Naturaleza expone lo siguiente:

"Ahora bien, toda realidad antropo-social depende, en cierta manera (¿cuál?), de la física, pero toda ciencia física depende, en cierta manera (¿cuál?), de la realidad antropo-social.

Desde ahora descubrimos que la implicación mutua entre términos se embucla en una relación circular que es preciso elucidar:
física→ biología→ Antropo-sociología→

Pero al mismo tiempo vemos que la elucidación de semejante relación topa con una triple imposibilidad:
1. El circuito física biología antropo-sociología invade todo el campo del conocimiento y exige un saber enciclopédico imposible.
2. La constitución de una relación, allí donde había disyunción, plantea un problema doblemente insondable: el del origen y naturaleza del principio que nos ordena aislar y separar para conocer, el de la posibilidad de otro principio capaz de volver a unir lo aislado y lo separado.
3. El carácter circular de la relación física antropo-sociología

adquiere la figura de un círculo vicioso, es decir, de absurdo lógico, puesto que el conocimiento físico depende del conocimiento antropo-sociológico, el cual depende del conocimiento físico y, así sucesivamente al infinito. No tenemos aquí una rampa de lanzamiento, sino un ciclo infernal.

Topamos, pues, tras esta primera vuelta a la pista, con un muro triple: el muro enciclopédico, el muro epistemológico y el muro lógico. En estos términos, la misión que he creído que debía asignarme es imposible. Hay que renunciar a ella." (Morin,1999:25)

En Morin resulta claro, por una parte que en la concepción clásica científica, la interpretación del mundo fenoménico pasa por una elaboración de principios simples, de forma que la noción de complejidad se resuelve mediante una razón que ignora los detalles. Esa necesidad de superación de la totalidad, deja de lado la religancia, particularizando los saberes, al convertirlos en compartimientos estancos, donde la superespecialización conduce inevitablemente a la ignorancia. No podemos abordar la complejidad desde el parcelamiento simplificado del pensamiento. (García: 51)

En relación a la simplificación, este texto de Morin ilustra claramente la perspectiva en cuestión:

Mandamientos del paradigma de simplificación
1.Podemos decir que el principio de la ciencia clásica es: legislar. Corresponde al principio del derecho, quizás. Es una legislación, pero no es anónima, que se encuentra en el universo, es la ley. Y ese principio es un principio universal que fue formulado por el lugar común: "Sólo hay ciencia de lo general", y que comporta la expulsión de lo local y de lo singular. Ahora bien, lo que es interesante es que, en el universo incluso, en lo universal, ha intervenido la localidad.

En esta referencia Morin intenta señalar que no se puede concebir la totalidad si sus partes componentes, sus detalles no son objeto de reconocimiento.

3. El tercer principio de simplificación es el de la reducción o también de la elementalidad. El conocimiento de los sistemas puede ser reducido al de sus partes simples o unidades elementales que los constituyen.

Aquí entonces es donde aparece el reduccionismo como una evidencia de la simplificación con la que se pretende encarar el fenómeno complejo y que conduce a una pérdida de la noción que en lo complejo está incluido lo simple, es decir que la complejidad no excluye la simplicidad, sólo que no la confunde.

4. El cuarto principio simplificador es el del Orden-Rey. El Universo obedece estrictamente a leyes deterministas, y todo lo que parece desorden (es decir, aleatorio, agitador, dispersivo) sólo es una apariencia debida únicamente a la insuficiencia de nuestro conocimiento.

El pensamiento complejo “quiere comprender la organización, asociar lo que está separado, como el orden el desorden, el sujeto el objeto” (García: 52) superando así la simplificación que involucra una visión reduccionista basada en el pensamiento racional. Es articular lo disjunto y complejizar lo simple. (Morin, 1999: 33)

5. La antigua visión, la visión simplificante, es una visión en la que evidentemente la causalidad es simple; es exterior a los objetos; les es superior; es lineal. Ahora bien, hay una causalidad nueva, que introdujo primeramente la retroacción cibernética, o feedback negativo, en la cual el efecto hace bucle con la causa y podemos decir que el efecto retroactúa sobre la causa. Este tipo de complejidad se manifiesta en el ejemplo de un sistema de calefacción de una habitación provisto de un termostato, donde efectivamente el mismo termostato inicia o detiene el funcionamiento de la máquina térmica.

Ese efecto de retroalimentación es lo que constituye la recursividad que representa la superación del principio del feed-back o retroacción, sustituyéndolo por las nociones de autoproducción y autoorganización, donde los elementos intervinientes son producto y productores simultáneamente (poiesis). Este principio de la circularidad rechaza la reducción de la complejidad, porque mantiene el movimiento, en una suerte de círculo virtuoso, reflexivo y generador de pensamiento complejo. (Morin, 1999: 32)

6. Sobre la problemática de la organización, no quiero insistir. Diré que en el origen está el principio de emergencia, es decir que cualidades y propiedades que nacen de la organización de un conjunto retroactúan sobre ese conjunto; hay algo de no deductivo en la aparición de cualidades o propiedades de todo fenómeno organizado. En cuanto al conocimiento de un conjunto, es necesario pensar en la frase de Pascal que suelo citar: "Tengo por imposible concebir las partes al margen del conocimiento del todo, tanto como conocer el todo sin conocer particularmente las partes".

Aquí se manifiesta la hologramática, que trata del principio sistémico en el cual las partes están en el todo pero también el todo está en las partes, de manera pues que el Individuo es un elemento de la sociedad, así como la sociedad está reflejada en cada individuo, en sus expresiones culturales.

12. y 13. Ahora, llego al último punto, que es el más dramático. El conocimiento simplificante se funda sobre la fiabilidad absoluta de la lógica para establecer la verdad intrínseca de las teorías, una vez que éstas están fundadas empíricamente según los procedimientos de la verificación. Ahora bien, hemos descubierto, con el teorema de Gödel, la problemática de la limitación de la lógica. El teorema de Gödel ha demostrado los límites de la demostración lógica en el seno de sistemas formalizados complejos; éstos comportan al menos una proposición que es indecidible, lo que hace que el conjunto del sistema sea indecidible. Lo que es interesante en esta idea, es que se la puede generalizar: todo sistema conceptual suficientemente rico incluye necesariamente cuestiones a las que no puede responder desde sí mismo, pero a las que sólo se puede responder refiriéndose al exterior de ese sistema.
Como dice expresamente Gödel: "El sistema sólo puede encontrar sus instrumentos de verificación en un sistema más rico o metasistema". Tarski lo dijo también claramente para los sistemas semánticos. Los metasistemas, aunque más ricos, comportan también una brecha y así seguidamente; la aventura del conocimiento no puede ser cerrada; la limitación lógica nos hace abandonar el sueño de una ciencia absoluta y absolutamente cierta, pero es necesario decir que no era sólo un sueño

El problema de la lógica lo aborda Morin desde una metalógica, pues si se pretende resolverlo con una lógica propia, sería en un ejercicio tautológico, de manera que la lógica compleja debe verse desde la dialógica, en el que se unen dos ideas o principios que por su naturaleza son contrarios, pero que no pueden ser separados a objeto de tener la comprensión de una misma circunstancia.

El Método se opone aquí a la concepción llamada “metodológica” en la que es reducido a recetas técnicas. Como el método es cartesiano, debe inspirarse en un principio fundamental o paradigma. Pero la diferencia aquí es precisamente de paradigma, no se trata ya de obedecer a un principio de orden (excluyendo el desorden), de claridad (excluyendo lo oscuro), de distinción (excluyendo las adherencias, participaciones y comunicaciones), de disyunción (excluyendo el sujeto, la antinomia, la complejidad), es decir, un principio que una la ciencia a la simplificación lógica. Se trata por el contrario, a partir de un principio de complejidad, de unir lo que estaba disjunto. (Morin, 1999:37)

Esa unión implica entonces el recurso de una metaepistemología que considere al investigador como sujeto parte de la investigación, en la que se involucren categorías que trasciendan las propias.


Referencias Bibliográficas

García M., Alejandro (2008) Simple/Complejo. En: Revista Estudios Culturales. Unidad de Estudios Culturales. Pp. 49-59. Doctorado en Ciencias Sociales. Universidad de Carabobo. Vol. 1Nº 1 Enero-Julio

Morin, Edgar (1984) Ciencia con Consciencia. Anthropos: Barcelona


___________ (1999) El Método I: La Naturaleza de la Naturaleza. Ediciones Cátedra S. A.: Madrid

__________ (2000) Introducción al pensamiento complejo. Editorial Gedisa S.A.: España

___________ (2008) Epistemología de la complejidad. [Documento en línea]. Consultado el 20/01/09 en: http://www.pensamientocomplejo.com.ar/docs/files/Morin-Edgar-Epistemologia-de-la-Complejidad.pdf

Morin y la antropología de la complejidad

Hablar de la Antropología de la Complejidad nos obliga a hacerlo partiendo de Morin y su contexto. Nacido en París como judío sefardí en 1921, crece profundamente afectado por la desaparición de su madre, circunstancia que mitiga con su avidez por la lectura.

Muy joven mostraría su vocación revolucionaria, al hacerse comunista, pero diferencias con las posturas de su partido provocarían su expulsión en 1951. Luego de la II Guerra Mundial y habiéndose retirado del Ejército Francés, Morin realiza estudios en el área de la biología y la teoría de sistemas.

Escritor prolífico, en su obra “El hombre y la muerte”, Morin le da forma a su cultura transdisciplinaria, encontrándose en ella elementos de geografía social, etnografía, prehistoria, psicología infantil, psicoanálisis, historia de las religiones, mitología, historia de las ideas, filosofía, entre otras.

“Nuestra Antropología de la muerte, fundada en la pre-historia, la etnología, la historia, la sociología, la psicología infantil, la psicología total, si quiere afirmarse como auténticamente científica, debe encontrar ahora sus confirmaciones biológicas.” (El hombre y la muerte) p. 85

Desde el Comité del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), trabaja en la idea de una “democracia cognitiva”, bajo los principios de que los conocimientos científicos deben difundirse entre los ciudadanos, dado que la ciudadanía requiere de ellos para tomar sus decisiones ético-políticas y ejercer plenamente sus derechos.
En Morin resulta imprescindible el abordaje de sus núcleos problemáticos para comprender la propuesta compleja:

Individuo/Sociedad/Especie
Se trata de una relación complementaria, en la que el Individuo se encuentra insertado en una Sociedad que como consecuencia de su evolución (regresión) como Especie, en la que se dan relaciones contradictorias.

“Así se comprende el sentido de la transformación progresiva-regresiva, que, creando al hombre, ha creado una nueva referencia individuo-especie. La desagregación de las especializaciones antropoideas, operadas por la regresión, simultáneamente a la desmomificación del instinto, convertido en inteligencia han desposeído ambas al phylum, a la especie, de sus atributos prácticos en provecho del pseudo-phylum, la sociedad, que alimenta al individuo. El mismo movimiento hace del hombre un individuo auto-determinado y un microcosmos indeterminado abierto a las posibilidades de la naturaleza, al tiempo que lo empuja hacia la evolución.” (El hombre y la muerte) p. 92

Antropología como ciencia del fenómeno humano (fenomenología)

- La Antropología es la ciencia del fenómeno humano, Morin concibe el estudio del fenómeno social, desde la complejidad, intentando traducirlo. (Ciencia como consciencia, p. 18) Se refiere al fenómeno como un fenómeno social total, tomado de Mauss, cuya naturaleza es multidimensional, pues tanto la sociedad como sus instituciones están relacionadas y en ella interactúan múltiples dimensiones, psicológicas, sociales y culturales. En este sentido, Gurvitch distingue entre estructura y fenómeno social total, orientándose la polémica en torno a la irreductibilidad del fenómeno social total a las estructuras. Esto forma parte del debate entre la Sociología y la Antropología y sus respectivos paradigmas positivista y estructuralista (Levi-Strauss), a partir de los cuales Morin invita a ver las partes y el todo de forma integral, tomando distancia de este debate en el sentido de proponer una visión que incorpora a ambas teorías desde una perspectiva no excluyente para ninguna.

Fenomenología

- La fenomenología es un término que en su origen representaba la doctrina de la apariencia. En la filosofía contemporánea, su autor más representativo, Husserl, desarrolla la fenomenología como un método cuyo propósito es estudiar los fenómenos, las apariencias originarias, que se presentan en el transcurrir de la experiencia humana, cuando se sobrepone toda consideración sobre su realidad objetiva o asociación subjetiva. En este sentido, se logra exponer la estructura fenoménica, la esencia (eidos), base para la demostración de la conciencia científica como generadora de objetos ideales. (Muñoz, p 274)

Recursividad/Dialogismo/Hologramática
- La recursividad nos plantea la superación del principio del feed-back o retroacción, sustituyéndolo por las nociones de autoproducción y autoorganización, donde los elementos intervinientes son producto y productores simultáneamente (poiesis).
- El principio dialógico une dos ideas o principios que por su naturaleza son contrarios, pero que no pueden ser separados a objeto de tener la comprensión de una misma circunstancia.
- La hologramática trata sobre el principio sistémico en el cual las partes están en el todo pero también el todo está en las partes, de manera pues que el Individuo es un elemento de la sociedad, asi como la sociedad está reflejada en cada individuo, en sus expresiones culturales.

Incertidumbre
- El hombre siempre ha vivido en la incertidumbre. La vida como una constante contradicción entre fe y escepticismo, creación y destrucción; en ello encontramos la contradicción: el pensamiento hegeliano pacifica la contradicción con la Síntesis que Morin rescata, pues para la comprensión de la complejidad, necesitamos la contradicción.

Religancia
- Morin se refiere a la unión simbólica en una relación orgánica de naturaleza, tribu y masa, vale decir la tríada: Individuo/Sociedad/Especie

Complejidad
- La complejidad está reflejada en la incertidumbre, como condición humana en la que intervienen tanto el conocimiento como la historia, de forma recursiva, pues una coproduce a la otra, es decir ambas la alimentan. En la complejidad, la intención es integrar al hombre, no para reducirlo, sino para distinguirlo. En la complejidad están presentes las causas reproductoras y desintegradoras simultáneamente, la incertidumbre y la certeza, el orden y el caos, pero todo ello en un contexto de organicidad.

Reflexión Final

En la discusión filosófica contemporánea, sin duda alguna, Morin representa una importante referencia en cuanto a la consideración del mundo, el hombre y las circunstancias que rodean su paso por esta realidad. Ahora bien, es también importante reconocer que en torno a las ideas morinianas hay un no menos importante debate en relación a la naturaleza de la tesis planteada y su caracterización como paradigma.

Sin entrar en la discusión de lo que significa la construcción de un paradigma, nos referiremos a lo que éste representa: un paradigma es de naturaleza fundacional, por cuanto de él se derivan prácticas y estas se encuentran vinculadas a un método, lo que permite la elaboración de un discurso.

El pensamiento complejo no pretende ser un paradigma, pues de lo que se trata es de la elaboración de una propuesta teórica para comprender y abordar una realidad que es multidimensional, lo que constituye una elaboración de orden fenomenológica integral.

En Morin es importante reconocer que su dialéctica plantea que el hombre no puede ser encasillado como un puro en sí ni un para sí, es decir, no podemos ver al hombre aislado de la realidad que le circunda, ni tampoco separado de su esencialidad, en ello radica su fenomenología y entonces en esa multidimensionalidad observamos como en una relación recursiva el hombre se interesa por el mundo al que pertenece pero a su vez ese mundo influye sobre su ser y de esa forma en una dinámica complementaria y antagónica, va construyendo su realidad, que es compleja partiendo de esas dimensiones múltiples, pero que es simple por la forma en que esta se reproduce, pues el hombre contiene una pequeña parte de todo aquello que le rodea, él contiene elementos representativos de ese ambiente en el que se encuentra insertado.

El pensamiento de Morin invita a ver al hombre y la ampliación de su capacidad de percepción, conocimiento, entendimiento y reflexión a partir de la ausencia de separación entre el hombre y su circunstancia. Entender al hombre inmerso en una dimensión múltiple de la que puede alimentarse y a la que puede nutrir en una persistente interacción, en la cual se encuentran reflejadas diversas disciplinas, que aun siendo contradictorias, desde la perspectiva moriniana, se complementa para ofrecer una visión integral de esa denominada fenomenología social total.

Referencias Bibliográficas
Araya, Domingo. (2004) Pensamiento Político. Aplicaciones didácticas. (1ª ed.) Cooperativa Editorial Magisterio: Colombia

González, Sergio (2002) Pensamiento Complejo. Cooperativa Editorial Magisterio: Colombia

Morin, Edgar (1999) El hombre y la muerte. Editorial Kairós S.A.: Barcelona

__________ (2000) Introducción al pensamiento complejo. Editorial Gedisa S.A.: España

Muñoz, J. y J. Velarde (2000) Compendio de Epistemología. Editorial Trotta: España

Saturday, April 4, 2009

EL 4F Y SUS REPERCUSIONES SOBRE EL LIDERAZGO NACIONAL*

(Este ensayo fue elaborado para la asignatura Antropología Política, en 1995, me parece interesante reflexionar sobre algunos aspectos planteados)


El estudio del fenómeno de liderazgo en Venezuela está íntimamente ligado al desarrollo de la historia política nacional, a la evolución de la nación, desde la Capitanía General hasta la República de Venezuela. El recurso del análisis histórico nos permite reconstruir las características de la cultura política del Venezolano en base a todo ese proceso.

En principio, es necesario partir de la condición de la identidad nacional, del sentimiento nacional del venezolano para poder establecer las características del liderazgo en nuestro país.

En Venezuela el liderazgo ha estado tradicionalmente vinculado a la noción del Caudillismo; en palabras de ELISA LERNER (1), el líder venezolano, más que líder ha sido un caudillo dedicado al “cultivo de una pequeña parcela...” con poca preparación. No se trata de un liderazgo en el sentido estricto del ejercicio de la conducción dirección e influencia sobre los demás miembros de un grupo humano; no ha estado basado en la encarnación de un “modelo”, ha sido más bien el desarrollo de un patrón de caudillismo regional que data de la época de la colonia y que se mantuvo a lo largo de la Guerra de la Independencia y de las Guerras Civiles, consolidándose hacia finales del siglo pasado y principios del presente.(2)

Es difícil precisar la estructura de nuestra identidad nacional, cuando nuestra historia ha estado condicionada por el fenómeno de la ruptura, de la discontinuidad con el pasado. Nuestro país es un país sin memoria (3) al que le fue arrebatada la herencia aborigen para imponerle la cultura ibérica del colonizador. Sobre esta base tan débil es difícil construir un auténtico liderazgo, es improbable que pueda surgir un líder con las características teóricas que le deben acompañar: autoridad moral, capacidad para dirigir e influir sobre las masas, poder de convocatoria.

Cuando Elisa Lerner habla de nuestro líderes que cultivan una pequeña parcela, se refiere a que no ha sabido ejercer lo que es un verdadero liderazgo, asumir lo que significa la conducción de un pueblo, es decir, que ha sido insuficiente su desempeño porque ha estado orientado hacia la satisfacción de fines egoístas, ajenas a las necesidades de un colectivo. Por otra parte, nuestra condición económica de país dependiente, ha permitido que en el escenario del ejercicio político del poder, intervengan fuerzas no nacionales que han influido directamente en el liderazgo local, (esto con referencia a las actividades de transnacionales quienes reclutan dirigentes políticos con el fin de proteger sus intereses).

La escasa conciencia de una identidad nacional, el débil sentimiento producto de esa reducida memoria de la que hablábamos, nos obliga a reconocer que no tenemos un proyecto nacional (valores, motivaciones) que defender o por el que luchar, lo cual determina que nuestros líderes no posean un fundamento ideológico real (4) , con las excepciones de estadistas como Betancourt y Caldera, honrosas por demás, que logre cohesionar a la sociedad tras de ellos.

Nuestra historia política reciente, luego de la caída de Pérez Jiménez, ha presentado un canon para el ejercicio de la conducción política. Los dirigentes que conforman la generación creadora de la democracia venezolana, esa generación del 28 que lucho contra Gómez y que luego enfrentó a Pérez Jiménez, se convirtió en el modelo a seguir y ellos mismos establecieron cuáles serían las reglas del juego. El liderazgo que emergió del 58 ha mantenido desde entonces, el discurso que los califica como mártires de la democracia; que fueron sus sacrificios y sus luchas contra los dictadores, lo que permitió que se pudiera construir un régimen democrático en nuestro país.

Semejantes recursos no pueden conferirle al liderazgo venezolano otra connotación que no sea la de un notorio personalismo, es decir, que se mantiene la tendencia hacia la supremacía de una individualidad, de condiciones únicas, que se traduce en caudillismo.

Este ha sido el escenario desde 1958, con las variantes que haya podido producir la renovación de la dirigencia política nacional, más no de la inspiración que los mueve, pues los jóvenes políticos presentan las mismas o casi iguales características; lo que cambian son sus caras.

Las carencias de una errada conducción política y la gravedad de una insana economía fueron conduciendo al país a una inevitable crisis conyuntural, donde el logro de los objetivos fundamentales de la sociedad comenzaba a hacerse prácticamente imposible. Las bases de la nación: relaciones económicas, políticas, culturales e ideológicas comenzaban a agrietarse degenerando en una crisis estructural.

El país perdió la brújula luego de que disminuyeron los ingresos extraordinarios (petrodólares); el Estado que había crecido en forma desproporcionada colapsó al no poder satisfacer las demandas de una población que cambió sus costumbres a la luz de un mundo irreal y superficial, que le fue impuesto bajo la creencia de que “todo es posible”.(5)

La inestabilidad económica, la ausencia de liderazgo, la ineficiencia del Sistema Político, la depauperación del nivel de vida, la inseguridad colectiva, las fallas de los servicios públicos, comenzaron a conformar una bomba de tiempo que estalló en Febrero de 1989 con el descontento social y que tres años después, el 4 de Febrero de 1992, alcanzó su punto máximo con la primera intentona golpista.

La acción del “Movimiento Bolivariano Revolucionario 2000” modificó por completo el momento histórico político que se estaba viviendo en el país, pues aparece la figura de HUGO CHÁVEZ, cambiando el rumbo de los acontecimientos. El “4-F” marca el inicio de una nueva etapa en la vida democrática venezolana; quizás representando la última oportunidad, pues está en juego la permanencia del sistema político.

La globalización de los conflictos que aquejaban al país, la violación sistemática de algunos preceptos consagrados por el Estado de Derecho, la represión, la crisis económica, condujeron a la creación del MBR-200 en 1983, por parte de un grupo denominado COMACATE (Comandantes o Tenientes-Coroneles, Mayores, Capitanes y Tenientes). El objetivo del movimiento, que nace el año del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, “no era de carácter político... Allí se formó el semillero de un movimiento esencialmente democrático... descubrimos al maestro Simón Rodríguez y al líder Simón Bolívar y al guerrero Ezequiel Zamora”.(6)

Inicialmente el MBR-200 se planteó realizar un estudio de la situación político-social de la nación, “El MBR-200 es nacionalista en cuanto propone un auténtico Vuelvan Caras, un profundo rescate de nuestra identidad, a través de la puesta en marcha de una política de consolidación nacional”.(7) Bajo esta bandera el movimiento liderizado por el Comandante Chávez se rebeló ante la autoridad legal, a quien con su acción le restó la poca legitimidad que le quedaba.

Luego de los sucesos de Febrero de 1992 y del posterior intento golpista del 27 de Noviembre del mismo año, la figura de Hugo Chávez se fue convirtiendo en la de líder de la población; no sólo arrasen los estratos sociales más bajos de la pirámide social, sino que provocó la admiración de las capas intermedias de la sociedad. Los más variados intelectuales, artistas, figuras públicas, se pronunciaron para alabar las virtudes y excepcionales cualidades de Chávez.

Fue en ese momento, reflejo de la imagen todavía latente del “por ahora” televisado, que se le reconoció como líder, aquel que fue entrevistado por Laura Sánchez del EL NACIONAL en los días posteriores a la intentona, de manera transgresora, violando toda disposición oficial y burlando la autoridad del líder del tercer mundo.(8)

La actitud de Hugo Chávez contrastó con la del entonces Presidente de la República. Su imagen destronó definitivamente a Pérez enviándolo al rincón más olvidado de la historia, cediéndole su lugar al Comandante. El fenómeno Chávez arrastró a todos, bien de acuerdo con él o enfrentándolo, pero lo único cierto es que su acción no le fue indiferente a nadie, pues fue ganándose un espacio en la escena política nacional, convirtiéndose en ese líder que lucía ausente.

Un líder es aquella figura que logra conducir, dirigir, guiar a un grupo humano con el propósito de alcanzar objetivos comunes. El líder tiene poder, pero es preciso tener claro que no todo el que tiene poder es líder.(9) El hecho de que Hugo Chávez, al mando de la operación clave, asumiera la responsabilidad de toda la acción, no sólo reflejó poder sino que le confirió una imagen moral que nadie en ese sentido se había ganado hasta entonces, en un país donde no se es responsable de nada. Allí nació el fenómeno de Chávez que fue conformado su liderazgo circunstancial.

Las razones para catalogar a Chávez como un líder circunstancial se originan en la naturaleza de su liderazgo. Es cierto que su mensaje llega a las masas, que estas lo siguen, pero es preciso examinar el carácter de su liderazgo y de su mensaje.

Las características de Hugo Chávez se inscriben con facilidad en las categorías de liderazgo carismático populista que señala Gustavo Martín. “El populismo es moralista; es un movimiento, no un partido el que acompaña al líder; la ideología es imprecisa; se opone al orden establecido; busca la unidad nacional; si participan militares, son de graduación media; es nostálgico; posee una base popular; no tiene una doctrina propia; son nacionalistas y se trata de un liderazgo carismático populista”.(10)

Ante todo lo dicho por Martín, es justo ubicar a Chávez bajo este esquema. Su discurso se maneja en el terreno del nacionalismo, sus apelaciones se basan en el patriotismo que considera como el recurso para recuperar el sentido de nación que hemos perdido.

El liderazgo de Chávez surge en el momento más crítico de la historia política contemporánea; ante tanta indiferencia oficial, ante la incapacidad de una dirigencia política, surge el Comandante como la válvula de escape, como ese elemento cohesionador que toda masa descontenta necesita para no desbocarse. El pueblo venezolano había estado huérfano de un guía, y en medio de la coyuntura, encontró en Chávez esa figura de apoyo que tanto necesitaba. Fue su valor para llamar a las cosas por su nombre, y declarar que su movimiento reflejaba el clamor de la mayoría de la población, lo que ha venido convirtiéndose en ese líder que reclamaba el país.

Ahora habría que profundizar en el rol que Hugo Chávez está cumpliendo, en el contexto de un Sistema Político que no satisface las demandas de la población. El está llenando un vacío que nadie había podido ocupar, no por falta de ambición, sino de condición. Su figura parecería estar devolviéndole al pueblo fe y confianza en sí mismo, porque Chávez es reflejo de su pueblo y tiene una elevada autoestima, cosa de la que hemos carecido siempre.

La duda radica en que ese liderazgo circunstancial pueda transformarse en algo permanente, en que Hugo Chávez sepa encarar el futuro y pueda soportar el peso de la responsabilidad que significa servir de ejemplo para una población que no ha tenido buenos modelos.

El reto que se le presenta a Chávez tiene varios horizontes. Debe ordenar su planteamiento político de manera de darle consistencia ideológica; actualizar su discurso de manera que las mentes receptoras de su mensaje bolivariano sean capaces de descifrarlo en el contexto del mundo que vivimos hoy, pues es preciso que en el manejo de las nociones de nacionalismo, si se quiere moldear la conducta política del venezolano, se evite llegar a los extremos del fanatismo; finalmente, es necesario que desista de jugar al caos, con pensamientos escandalosos, pues ser profeta del desastre lo aleja de ese papel catártico que inicialmente nos había planteado, el queremos liberar de esa imagen del dirigente político falso y demagogo que sólo conocíamos y que él manifestaba ser la antítesis.

Sería absurdo negar la influencia de la imagen de Hugo Chávez, sobre algunos sectores de la población y es que, definitivamente ha llegado a convertirse en la respuesta a muchas necesidades que se relacionan con esa carencia de un pasado coherente y con la falta de verdaderas referencias que nos permitan alcanzar la cohesión que en toda nación debe privar a la hora de enfrentar retos.

En Chávez reconocemos al venezolano que practica un culto patriótico de veneración a las raíces bolivarianas y de cumplimiento del deber, hechos a los cuales no hemos estado acostumbrados; pero también se nos presenta con debilidades, lógicamente propias de todo ser humano, pero que si se quiere ser conductor de masas, es preciso corregir, de manera que pueda ofrecer un auténtico liderazgo.

Es muy cierto que Hugo Chávez no reúne todas las condiciones que teóricamente debe poseer un líder (anteriormente hemos señalado el carácter de su liderazgo), pero ante las pocas opciones a las que hay lugar, luce quizá como el más apropiado en este momento de coyuntura, asumiendo una responsabilidad que le confiere valores desconocidos por nuestros dirigentes.(11)

Finalmente debemos reconocer que no estaba en los cálculos, ni del MBR-200 ni de Chávez, la popularidad que desató su figura, porque de lo contrario se hubiese preparado una plataforma más sólida para su proyección, notándose que fue un hecho completamente inesperado, teniendo que construir sobre la marcha. Su permanencia en la escena política venezolana dependerá de su preparación y de la capacidad de interpretar las necesidades y expectativas de sus seguidores, de lo contrario estará destinado a ser un fenómeno político pasajero.

1 LERNER, Elisa. VENEZOLANOS DE HOY EN DÍA: DEL SILENCIO POSTGOMECISTA AL RUIDO MAYAMERO. Pág. 4 en EL CASO VENEZUELA.

2 MAZZEL, Jesús. EL ROL DEL LIDERAZGO EN LA CRISIS POLÍTICA. Pp. 6-8

3 LERNER, Elisa. Ídem.

4 esto es si atendemos el planteamiento de la dificultad de construir un verdadero liderazgo con las condiciones que nos rodean, de la ausencia de un pasado coherente.

5 CABALLERO, Manuel. LAS VENEZUELAS DEL SIGLO VEINTE. Pág. 190.

6 ZAGO, Angela. LA REBELIÓN DE LOS ANGELES. Pág. 22.

7 Ibidem. Pág. 48

8 se quiere señalar el efecto arrollador que provocó Chávez, a diferencia de los otros Comandantes, para llegar hasta esos extremos de audacia con el fin de conocer sus ideas y opiniones.
9 MAZZEL, Jesús. Op. Cit. Pág. 8.

10 MARTÍN, Gustavo. ENSAYOS DE ANTROPOLOGÍA POLÍTICA. Pp. 149-156.

11 Recordemos el discurso del entonces Senador Vitalicio Dr. Rafael Caldera ante el Congreso de la República el día de la intentona golpista de 4-F, donde señalaba las virtudes de los Comandantes al desechar las apreciaciones de ciertos políticos que llegaron a calificarlos de mercenarios.

* Publicado en la revista PRINCIPIA. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado Año 2 - Nº 3. Octubre 1995.

Saturday, March 28, 2009

Sobre la Universidad de Carabobo y sus circunstancias actuales

A mis amigos que sienten que me he radicalizado, debo confesarles que estoy tratando de ser prudente. Debe ser que mi reacción ha sido muy dura, pero yo no puedo responder de otra forma. Siento dolor, indignación y rabia: dolor porque se trata de un ser humano, no me interesa cuáles hayan sido sus inclinaciones políticas; indignación porque esto era algo que todos sabíamos, tarde o temprano, nos tocaría de cerca y rabia porque me siento indefensa ante tanta pasividad.

Yo vengo de la universidad privada, donde no hay capuchas, ni violencia, ni nada: se va a estudiar y ya. La universidad autónoma, es otro mundo, donde las personas tienen la posibilidad de construir un espacio en el que confluyan diversas corrientes de pensamiento y creencias, eso es la UNIVERSIDAD. Las distintas expresiones se organizan en torno a un sistema de valores, donde las coincidencias tienen que ver con los procedimientos y el respeto por la norma, son las propuestas las que los diferencian. Esa es la universidad en la que yo creo.

De unos años para acá la realidad de mi universidad es otra: me he habituado a que con el sonar de las cornetas de los autobuses, salimos todos corriendo de nuestros salones antes de que llegue la “capucha” a sacarnos. Se hace costumbre que antes de un proceso electoral, las amenazas e intentos de saboteo se produzcan en las instalaciones universitarias. A muchos nos parecía inaudito que todos reconocen el problema, pero nadie hace nada para resolverlo.

En los dos últimos eventos electorales que hemos vivido: las elecciones rectorales de noviembre de 2008 y las elecciones decanales de marzo de 2009, hemos sido víctimas directas de la violencia intra-universitaria. Ya no se trata del miedo que tenemos de estar en nuestros salones de clase, por temor a que nos asalten, o salir al estacionamiento de profesores después de las 9 de la noche; se trata de la imposibilidad de hacer nuestra vida universitaria sin angustia ni sobresalto.

El día viernes 20 de marzo, en pleno cierre de campaña de la Prof. Mariella Abraham, fuimos atacados por unos sujetos encapuchados que nos rociaron de gasolina, portando armas de fuego, cortas y largas. El miércoles 25 de marzo, hacia el cierre de la jornada electoral fuimos interrumpidos por sujetos armados que irrumpieron en el edificio de la Faces, por lo cual tuvimos que realizar el escrutinio de las mesas, escondidos en nuestros cubículos profesorales.

Mientras esperábamos que se calmara la situación, un dirigente estudiantil me repetía: “ profe, tranquila que no va a pasar nada, no tenga miedo” Le respondí : “ ¿tú crees que puedo estar tranquila cuando fui rociada de gasolina por unos sujetos armados y tapados que pueden reconocer mi cara? Lo que no le dije a ese bachiller es que recién me informaban que habían asesinado a un estudiante…

A eso hemos llegado, a no sentir nada, a no sentir miedo, porque todo está “normal”. Es esa inercia, esa indiferencia, la que ha permitido esta tremenda pérdida del sentido institucional en nuestra universidad.

Creo que ha llegado el momento en que todos tomemos carta en el asunto, no podemos dejárselo a las autoridades nada mas, este problema es estructural, tiene raíces. Nosotros debemos formar parte de la solución y en este sentido es importante que las decisiones las tomemos todos los miembros de esta comunidad, porque es a todos a quienes afecta.

Saturday, February 7, 2009

CULTURA MILITAR Y CULTURA DEMOCRÁTICA: ELEMENTOS PARA LA DEFINICIÓN DE LA CULTURA POLÍTICA EN VENEZUELA

El Sistema Político Venezolano actual, fue construido sobre las bases de un acuerdo político logrado por los principales actores políticos de ese momento histórico (1958) que firmaron el Pacto de Puntofijo, donde se establecieron las reglas que habrían de controlar el juego democrático, definiendo así el objetivo fundamental del mismo: la consolidación del régimen democrático. Los partidos políticos Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) y Unión Republicana Democrática (URD); el principal organismo económico nacional, Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (FEDECAMARAS), la Central Obrera, Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV); Fuerzas Armadas e Iglesia Católica se comprometieron a actuar solidariamente para preservar la naciente democracia, con lo cual se concretó un importante vínculo entre partidos, grupos económicos y Estado. Las Fuerzas Armadas sirvieron de garantía para la continuidad democrática y la Iglesia Católica representó el apoyo moral al naciente régimen.

Este conjunto de correlaciones de fuerzas políticas, económicas y sociales definieron el sistema hegemónico que predominaría en nuestro país. Los partidos políticos se convirtieron en los actores públicos de mayor peso y los grupos económicos tradicionales se mantuvieron en una excelente posición para la preservación de sus privilegios de clase.

Inicialmente, el pacto funcionó a través de un consenso activo. Sin embargo, a medida que los distintos actores sociales se fueron posicionando dentro del bloque establecido, quedó clara la vulnerabilidad de las clases subalternas ante los grupos dominantes, pues evidentemente habían sido desplazadas; prueba de la desactivación de las fuerzas subalternas es la exclusión del Partido Comunista de Venezolano (PCV) del acuerdo y el desplazamiento de la Junta Patriótica.

La relación entre Estado, partidos políticos y grupos económicos no sólo favorecía a los últimos, sino que lesionaba significativamente los intereses de las clases subalternas. Las demandas de la sociedad debían ser canalizadas a través de las estructuras partidistas, pues estas organizaciones políticas habían penetrado todas las instancias del Estado (aparato burocrático).

La hegemonía de la clase dominante sobre las clases subalternas que en un principio fue lograda a través del consenso, se mantuvo por la represión y la coerción del aparato burocrático degenerando en un consentimiento pasivo, -ubicándose éste en el momento en que URD se retira del Pacto de Puntofijo- que vendría a caracterizar nuestro bloque histórico.

Dentro del proceso de desarrollo del bloque histórico en el seno del sistema político, se fueron generando una serie de vicios y fallas que posteriormente conformarían el escenario para la aparición de la crisis hegemónica que se manifiesta hacia finales de la década de los 80 y principios de los 90, “… es en el funcionamiento del sistema político –en tanto en él se colocan los compromisos constitutivos- donde se halla la clave del funcionamiento y de la crisis del Estado… (Portantierro, 1981: 25).

La corrupción, ausencia de liderazgo, crisis de valores y pérdida de legitimidad de las instituciones representan las manifestaciones visibles de la crisis hegemónica, que no es otra cosa que el agotamiento de la estructura de las correlaciones de fuerzas políticas, económicas, sociales y militares.

La crisis hegemónica viene dada por la conjunción de las variables mencionadas que implican una crisis política, pues se refieren al desplazamiento de los actores que intervienen en el mantenimiento de un orden global; las relaciones internas entre todos los componentes del sistema político sufren un proceso de reubicación en el bloque histórico.

Una vez que las instituciones fundamentales del sistema político comienzan a ser cuestionadas, el sistema hegemónico se resiente, pues la acción hegemónica se fundamenta en la capacidad directiva que tiene la clase dominante para mantener el orden establecido en función de sus intereses.

El sistema político en la figura de sus instituciones permitió que se instituyera la cultura de la corrupción, pues el clientelismo político y el consumismo delinearon las pautas para satisfacer necesidades, por ello se hizo de la corrupción una forma de vida. La omnipotencia del poder, la indiferencia de los dirigentes políticos hacia las necesidades de las clases subalternas, establecieron la ausencia de líderes de la escena política. La sustitución de nuestros valores tradicionales por aquellos producto de un intenso proceso de alienación, explica la actitud pasiva de la sociedad ante la incapacidad del sistema de resolver sus problemas.

Finalmente, dada la pérdida de legitimidad de nuestras instituciones fundamentales expresadas a través de su poca credibilidad y representatividad: legisladores, jueces, políticos, etc. fueron rechazados por las clases subalternas al ser vistos como responsables del deterioro moral del país, pues no han sido capaces de cumplir con el rol para el cual fueron elegidos.

Siendo el 27 de febrero la primera manifestación de la fisura del bloque histórico, comenzó a hacer crisis la hegemonía que había caracterizado al país por más de 30 años. La población fijó ante la clase dominante una posición de rechazo al sistema y por consiguiente, de repudio al pacto institucional: aquí se caracteriza la crisis hegemónica, cuando se desconoce el pacto constitutivo del sistema hegemónico.

La evolución de la crisis hegemónica siguió su curso, pues la clase dominante solo usó el recurso de la represión para tratar de mantener el relativo orden.

La clase dirigente y los grupos económicos fueron sordos ante el clamor popular de un cambio en las relaciones de poder. A pesar de la permanente amenaza de una nueva protesta social, el poder político ignoró la situación, hasta que otro actor social apareció en el escenario político, agudizando el problema.

El 4 de febrero de 1992 se produjo el primero de dos intentos de golpes de Estado que sucedieron ese año. Un sector de la oficialidad de las F.F.A.A. de baja y media graduación se rebeló por cuanto el poder político estaba atentando contra la institucionalidad, siendo incapaz de cumplir con la función de representar y defender los intereses de las clases subalternas.

Ese mismo año, el 27 de noviembre un grupo de oficiales de alta graduación conspiró argumentando básicamente las mismas razones del primer grupo, aunque con diferente inspiración ideológica. Con esta segunda intentona golpista quedó definido el resquebrajamiento del bloque histórico construido sobre las bases del Pacto de Puntofijo y se agudizó la crisis hegemónica. El sistema iniciado bajo el compromiso de obedecer una determinada línea de acción política, fue cuestionado por uno de sus miembros fundamentales.

Influencia del Pretorianismo en el Sistema Político Venezolano

La Institución Militar en Venezuela, sin duda alguna, ha sido un actor político fundamental, no sólo a los efectos de la consolidación del sistema político, sino también de su sostenimiento, independientemente de su capacidad para mantener el control político exclusivo.

Esta circunstancia nos remite necesariamente a buscar las razones de tal comportamiento en los principios del Pretorianismo, definido por Samuel Huntington (1972: 177) como “la intervención de los militares en política.”

En este sentido, Huntington señala que es necesario distinguir las causas, de las consecuencias de la intervención. Para este autor existe una estrecha relación, que a veces ni siquiera se distingue, entre la intervención política y el faccionalismo militar, lo que pone de relieve el hecho causal: las mismas son siempre políticas y no militares. El intervencionismo no refleja las características sociales u organizacionales, sino la estructura política e institucional de la sociedad, con lo que queda clara la elevada politización de las instituciones sociales.

En otra definición, Mayer citado por Irwin (2002: 324) destaca que una sociedad pretoriana es aquella en la cual los militares juegan de manera ampliamente desproporcionada un rol político, esto debido al bajo nivel de institucionalidad desarrollado.

Por su parte López (en: Bobbio, Matteucci y Pasquino: 970) señala que la explicación del Militarismo se fundamenta en el aspecto situacional, en el que la inestabilidad política y la insuficiencia hegemónica conducen a la participación de los militares en la vida política.

En este sentido, resulta imprescindible diferenciar el Militarismo del Pretorianismo. En su acepción más amplia, el Militarismo hace referencia a una situación política en la cual el sector militar de una sociedad dada por una suerte de metástasis invade ésta, llegando a dominar todos los aspectos fundamentales de la vida social.[1]

Mientras que para Mundell citado por Irwin (2001: 250) señala que se da el Pretorianismo cuando: ...el sector militar de una sociedad dada ejerce influencia política abusiva recurriendo a la fuerza o la amenaza de su uso. Es una abusiva conducta militar para con la sociedad en general y particularmente la gerencia política de una sociedad dada.

El Pretorianismo, como modelo de ejercicio político, puede presentarse según Huntington de tres formas: (1972: 180)

Pretorianismo Oligárquico: se caracteriza por la existencia de camarillas personales y de familia.
Sociedad Pretoriana Radical: Grupos institucionales y de Ocupaciones.
Pretorianismo de Masas: Clases y movimientos sociales que dominan la escena.

Por su parte, Perlmutter citado por Irwin (p. 252) elabora una tipología del Pretorianismo en la que este puede presentarse antes del nacimiento de la institución militar formal: Histórico o se trata de una modalidad más propia de sociedades con institución militar consolidada: Moderno. El Pretorianismo Moderno puede ser latente o potencial, es decir que puede ser estimulado, o ser actuante o manifiesto, es decir más activo, como en el caso de los intentos de golpe. El Pretorianismo Actuante puede ser Gobernante o Arbitro. El modelo Gobernante puede darse por la vía Actuante, a través de golpes militares o Potencial, mediante el tutelaje militar al que se somete la sociedad. Finalmente el Árbitro, ocurre en aquellas sociedades donde la institución militar es quien dirime los conflictos de los civiles.

El Pretorianismo encuentra terreno fértil en América Latina, debido a la inexistencia o debilidad de las instituciones políticas y sociales. La ruptura colonial dejó como herencia instituciones muy frágiles que no pudieron soportar por una parte la desarticulación y por la otra el vacío, lo que fue ocupado por la violencia y los regímenes militares.

La inestabilidad política hace su juego en la medida que las fuerzas sociales no logran construir un entramado institucional sólido, con lo que la insuficiencia hegemónica, vista como la incapacidad de sector social alguno para imponer su proyecto a la sociedad en forma perdurable a partir de modalidades consensuales de dominación (Bobbio y otros, p. 972), genera las condiciones suficientes para justificar la incursión militar en la escena política.

En América Latina, el militar es visto como la tabla de salvación, el gendarme necesario o el salvador de la patria. Es una concepción de tanto arraigo, que han sido numerosas las dictaduras militares que se han instaurado en el hemisferio, con el propósito de garantizar la paz social y la estabilidad política como justificación.

En el Pretorianismo, el Ejército intercambia autonomía funcional por influencia política, como ocurre con otros actores políticos: los estudiantes que conjuntamente con los intelectuales y los militares, conforman las fuerzas activas del modelo pretoriano.

Los militares, en el Sistema Pretoriano Radical, solamente actuarán cuando la polarización entre las fuerzas sociales sea extrema. Sin embargo si llegan a identificarse con el régimen existente o muestran lealtad, las fuerzas contrarias no pondrán en peligro al gobierno.

El vínculo del poder civil con la institución a través del Alto Mando Militar, que ejerce inevitablemente una influencia incuestionable sobre las decisiones civiles, define al sistema político venezolano, caracterizándose por una institución que dado el monopolio legítimo de la violencia física que ejerce, en ocasiones no esconde su aspiración a lograr el control político, que justifica en el poder y la dominación que despliega a través del uso de la coerción.

Es la ausencia de control civil, definido como la subordinación del sector militar a las autoridades civiles legalmente constituidas (Olivieri y Guardia, p. 8) lo que ha permitido que la Institución Militar mantenga una relación de dominación sobre el poder civil, dado el monopolio de la violencia física que ejerce.

Nuestra tradición, desde la propia independencia, ha sido la del militar en el poder o muy cerca de él. La Fuerza Armada ha sido un actor político relevante en el ámbito de las representaciones sociales, con una influencia desmedida en la política nacional (Olivieri y Guardia, p. 6).

La razón la podemos encontrar en la realidad de un modelo de tutelaje militar que inevitablemente nos está conduciendo hacia el desarrollo de formas pretorianas de ejercicio del poder (Olivieri y Guardia). Vemos como para el civil la paradoja del militar se resume en la potestad del uso de las armas, de lo cual tiene su monopolio, que es lo que finalmente le va a permitir ejercer ese control político.

El sostenimiento del modelo democrático ha descansado históricamente en el apoyo de la Fuerza Armada, a través del Alto Mando, quien no solo controla a la institución, sino que además, tiene la potestad no otorgada pero ejercida, para desconocer y reconocer el poder político civil de la nación, en lo que pareciera ser una clara evidencia del control político.

Sin embargo, en algunos episodios históricos hemos observado como la Fuerza Armada no logran en su totalidad el control político interno y externo: en los dos intentos golpistas del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre de 1992, los cuadros medios de la FAN en el primero y la alta oficialidad en el segundo, no logran una intervención definitiva del poder civil, por lo que se puede encontrar un cierto paralelismo con los sucesos de Abril de 2002, cuando el Alto Mando en una serie de decisiones contradictorias, definitivamente se desarticula como una estructura de poder -es decir, como actor político- lo que permite finalmente poner en duda su capacidad para mantener el control político exclusivo dentro del sistema político.


CONCLUSIONES

La cultura política en Venezuela resulta ser el encuentro de la herencia de quienes nos conquistaron conjuntamente con las particularidades que se fueron incorporando a partir del mestizaje social. En esta reflexión, hemos intentado describir las características de la democracia venezolana, para procurar dibujar lo que ha sido el fundamento de nuestra cultura política

A pesar de que nuestra Democracia fue consagrada constitucionalmente como representativa, este modelo no ha podido ser desarrollado por completo. Precisamente nuestra crisis de legitimidad es producto en gran medida de la escasa representatividad de nuestros dirigentes políticos; ello se debe fundamentalmente a la ausencia de credibilidad en su liderazgo.

La clase política venezolana descuidó su responsabilidad de orientar y guiar a sus electores y en lugar de ello se dedicó a fortalecer su posición hegemónica, defendiendo intereses particulares. La imagen del dirigente político se fue desvirtuando de tal manera que el venezolano no tuvo un líder en quien creer, a quien seguir.

Bajo estas condiciones, las relaciones de poder no permitían articular las demandas de sectores subalternos, para hacer efectiva su participación en la llamada Democracia Consensual, que el venezolano podía ejercer comicios electorales; la forma más usual era a través de la vinculación con uno de los partidos políticos del estatus (el clientelismo político). A medida que fueron perdiendo representatividad, el gobierno y las instituciones, aumentaron su ilegitimidad y en consecuencia contribuyeron a la desvalorización del régimen democrático.

Así se fue desarrollando un modelo hegemónico que terminó destruyendo la esperanza en una verdadera Democracia, pues el venezolano común, el sistema político venezolano no representaba sus intereses, no había posibilidad de participar en el proceso de toma de decisiones que le afectaban, no había líderes: un régimen que no refleja los valores del colectivo no tiene credibilidad.

Son muchos los factores que indican una crisis de hegemonía, pero en el objeto de esta reflexión, la pérdida de legitimidad es la manifestación más importante, por cuanto es el que mayor efecto genera en la institucionalidad democrática venezolana.

De la crisis militar podemos obtener referentes valiosos para poder comprender el agotamiento del modelo hegemónico venezolano. El 4F reveló el resquebrajamiento de la unidad interna de la Fuerza Armada, el 27N reflejó el descontento de algunos sectores militares con la corrupción moral que se apoderó de la cúpula militar.

Además, hay un hecho clave para fortalecer la idea del peso que tiene en la crisis hegemónica la pérdida de legitimidad: los valores y principios que salieron a defender y rescatar a los insurrectos, no son los mismos que le escuchamos a nuestros dirigentes políticos. Ahora bien, en las clases populares, a pesar de que no hubo un apoyo masivo a los alzamientos, la similitud de ideas y necesidades, es innegable. Las banderas de los movimientos insurreccionales fueron las mismas de los sectores subalternos: el rescate del país a través de una reconstrucción moral.

Esa articulación, probablemente lo que refleja es que la Fuerza Armada es un garante de la institucionalidad, pero también se puede comportar como actor político, por cuanto no está impedido de reconocer las debilidades institucionales y que por una tradición histórica de carácter hemisférico, ha tenido que actuar decididamente para preservar el equilibrio político en numerosas oportunidades.

En síntesis, nuestra cultura política está profundamente articulada con la cultura democrática, pero en ella también se encuentra un espacio significativo para los valores de la cultura militar de la cual no podemos distanciarnos porque ha formado parte de nuestro imaginario colectivo desde nuestros inicios como república. Quizás lo cabe esperar es que la cultura democrática logre imponerse por encima de tentaciones que pretendan ignorar lo que en esencia ha caracterizado a la cultura política venezolana: su fe inquebrantable en la libertad.

BIBLIOGRAFÍA

Bobbio, N., Matteucci, N. y Pasquino, G. (2002) Diccionario de Política. 13ª ed. México: Siglo XXI Editores S. A. de C. V.

Huntington, S. (1972) El orden político en las sociedades en cambio Buenos Aires: Paidós

Irwin G., D. (2002) Comentarios sobre las Relaciones Civiles y Militares en Venezuela, Siglos XIX al XXI. Edición: No Publicada. Caracas.

Olivieri, G. e I. Guardia (2003) El fogonazo venezolano: la crisis de abril de 2002. Una explicación de la violencia política en Venezuela. [Tesis en línea] Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela. Consultada el 13 de marzo de 2005 en: http://www.ndu.edu/chds/redes2003/Academic-Papers/6-Military- Sociology/3-Military-Civilian-Relations-LATM/4%20 Guardia-final.doc

Portantierro, J. (1981) Sociedad Civil, Estado Sistema Político. México: FLACSO.


[1] Irwin, D., p. 249

Thursday, October 16, 2008

PROGRAMA ASIGNATURA: ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Código: (AC-5503)

ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Unidad I

Estado, nación y gobierno.
Fundamentos históricos.
Liberalismo y Neoliberalismo.
Evolución de fines y formas.
Funciones del Estado.
Contenido ideológico del Estado: Modelo Capitalista.
El Estado Venezolano y su evolución histórica.


Unidad II

Aparato Burocrático: naturaleza y dimensiones.
Evolución de la administración pública en Venezuela y América Latina.La administración pública y su papel en la formulación de las políticas públicas.

Unidad III

Principios del enfoque sistémico.
Sistema Social.
Sistema Político.
Sistema Administrativo.

Unidad IV

Planificación y toma de decisiones en el sector público.
Organización Político –Administrativa del Estado.
Estructura organizativa de la Administración Pública: Central y Descentralizada.
Características de la Gerencia Pública en Venezuela.Control público y ética del funcionario público.

Unidad V

Fundamentos de la Reforma del Estado.
Antecedentes de la reforma del Estado.
Experiencias de la Reforma del Estado en Venezuela.Nuevos paradigmas de la Reforma del Estado en el mundo.

BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA


·
Albi, Emilio y otros (2000) Gestión Pública: Fundamentos, estructuras y casos. Editorial Ariel S.A.: Barcelona.
· Arellano, David (2004) Gestión estratégica para el sector público. Fondo de Cultura Económica: México
· Bresser-Pereira, Luís C. y otros (2004) Política y Gestión Pública. Fondo de Cultura Económica - Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo: Argentina
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· Brewer-Carías, Allan (2000) La Constitución de 1999 (comentada). Editorial Arte: Caracas.
· Castellano, Hercilio (1997) Planificación: herramientas para enfrentar la complejidad, la incertidumbre y el conflicto. Vadell Hermanos Editores: Caracas
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· Guerrero O., Omar (1985) Introducción a la Administración Pública. Editorial Harla: México.
· Kliksberg, Bernardo (2004) La ética y el capital social cuentan. Ediciones FaCES- Universidad de Carabobo: Valencia
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· Losada i M., Carlos (1999) (Editor). ¿De burócratas a Gerentes? Banco Interamericano de Desarrollo: Nueva York.
· Madrid, José (1996) La gestión de políticas públicas y la naturaleza de la gerencia pública: una referencia al caso chileno. En: Revista Estado y Reforma. Nº 6. Julio. Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo.
· Márquez, Patricia y Ramón Piñango -Ed. (2003) En esta Venezuela: realidades y nuevos caminos. Ediciones IESA: Caracas
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· Zambrano, Adalberto (2001) Gerencia estratégica y gobierno. Ediciones IESA: Caracas
IDEAS SOBRE EL PROCESO DEMOCRÁTICO EN EL MUNICIPIO*

El proceso de socialización es lo que prepara al individuo para la vida en sociedad, implicando el aprendizaje de pautas, normas y reglas que le van a permitir la convivencia con sus semejantes. De igual forma, la democracia es el modelo de conducción política que traduce una forma de vida, un sistema de organización social del poder.

Entonces si la vida en sociedad exige de una preparación adecuada, la democracia requiere de una escuela, de un escenario en el que se prepare a los ciudadanos para la convivencia y como bien decía Tocqueville, el gobierno local es el mejor.

La vida en democracia requiere de una serie de predisposiciones en las que resulta clave la capacidad de la sociedad para intervenir en sus procesos. La democracia moderna se sustenta en una cultura participativa que exige responsabilidad y compromiso.

El ambiente natural para el aprendizaje de la democracia como modelo de vida no puede ser otro que la ciudad, el municipio como unidad político-territorial fundamental del Estado, constituye el primer escenario para el ejercicio de deberes y derechos políticos.

Resulta indispensable comprender que es en el seno del gobierno local donde deben consolidarse los principios democráticos de la cultura política de cualquier sociedad, si queremos que se convierta en un modelo de vida. La democracia en el municipio se ejerce sobre la base de la conducción de los asuntos de la comunidad orientados por principios de organización, criterios de acción, vocación de servicio, determinación en la solución de conflictos y solidaridad.

La democracia no puede ser un proceso vertical, no puede descansar en la responsabilidad exclusiva de unas élites aisladas de la realidad que a diario enfrenta la sociedad. La democracia debe ser un modelo horizontal de acción que se sustente en la intervención organizada de la sociedad, inspirada en el compromiso y la responsabilidad.

Es indiscutible el valor que tiene para la democracia la capacidad organizativa de la sociedad, identificando y jerarquizando sus necesidades, estableciendo las acciones a emprender, interactuando con los centros oficiales de decisión política al defender las conquistas o exigir la satisfacción de las demandas.

Las comunidades que establecen claramente los objetivos que alientan su organización formal tienen un gran trecho adelantado, pues definen el futuro que aspiran no solo para sí mismas sino también para las generaciones futuras, siendo ése espíritu de trascendencia lo que estimula acciones que no se conforman con lo transitorio o inmediato, construyendo bases sólidas para que la sociedad pueda formarse en una cultura política democrática.

Es imprescindible en cualquier sociedad política la consolidación de una cultura de participación para alcanzar la satisfacción plena de necesidades y aspiraciones comunes. El ejercicio de la ciudadanía exige asumir posiciones ante los asuntos que interesan a todos los miembros de la colectividad reconociendo, además, que la participación debe obedecer a ciertos lineamientos normativos.

Las acciones a emprender por los ciudadanos deben ubicarse en un contexto no sólo de principios técnicos sino también de consenso político. La posibilidad de resolver los problemas sustentándose en acuerdos y negociaciones es una muestra fehaciente del ejercicio de la democracia en la sociedad.

Ahora bien, la sociedad no siempre está preparada para estas exigencias, prueba de ello son los alarmantes indicadores de abstención que demuestran la escasa participación electoral de los ciudadanos, acentuándose este comportamiento en períodos de crisis, lo que obviamente indica la necesidad de estimular e incentivar el rol de un ciudadano más motivado a participar en la resolución de sus problemas.

La justificación quizás sea que los ciudadanos por una parte no conocen realmente sus derechos a participar en determinados procesos decisorios ( a través de las propias Juntas Parroquiales, por ejemplo) y por otra parte hay desconfianza, falta de credibilidad en instituciones que muchas veces han sido débiles para defender a las comunidades o que cuando actúan son otros los intereses que las animan (por lo general de carácter político).

Ello por supuesto tiene una estrecha relación con la ausencia de intervención de las comunidades en la resolución de conflictos. Los canales idóneos como los Juzgados de Paz, concebidos como instancias mediadoras todavía no han consolidado su identidad en el seno de la sociedad, en gran parte porque las estructuras oficiales no han creado las condiciones favorables para ello. En una democracia madura los ciudadanos deben procurar afectar e influir no sólo en las políticas a desarrollarse, sino también en aquello que atente contra la gobernabilidad de la ciudad.

En una democracia no se imponen medidas ni se ejecutan acciones desde instancias superiores de forma arbitraria, la participación precisamente significa que dentro del marco del sistema político, existen canales regulares por medio de los cuales la sociedad manifiesta sus exigencias o apoyos, según sea el caso. La democracia exige el pronunciamiento de los gobernados, pues recordando a Rousseau, de lo que se trata es de la cesión de unos derechos inherentes a la condición humana que a través de un pacto de convivencia, son depositados en unas instituciones con el propósito de alcanzar condiciones estables de gobernabilidad.

En esas condiciones deben quedar suficientemente representados los derechos de los ciudadanos a exigir el cumplimiento por parte de las instituciones de sus responsabilidades para con los ciudadanos, de igual forma los ciudadanos tienen el deber de intervenir mediante canales formales en los asuntos que le interesan. La democracia no puede descansar exclusivamente en las instituciones, debe ser producto de un esfuerzo común por lograr condiciones de vida a las que todo ciudadano tiene derecho.

Ante esta realidad tenemos por un lado el descrédito institucional y por el otro la apatía de la sociedad. Hace más de diez años la denominada sociedad civil organizada a través de grupo vecinales logró una enorme proyección no sólo ante la opinión pública sino que, también logró afectar niveles decisorios del sistema político.

Sin embargo, por la misma dinámica política, esta iniciativa vio truncada sus aspiraciones, que en algunos casos se debió a la influencia misma de los partidos políticos. Si buscamos una explicación a la indiferencia de la sociedad no ante los asuntos políticos, sino más bien frente a los problemas que afectan su calidad de vida tendríamos que reflexionar sobre el impacto que los partidos políticos han ejercido sobre ella al mediatizarla.

La capacidad de organización debe indudablemente manifestarse de forma voluntaria en la sociedad, pero si ello no encuentra eco en las instancias formales de poder, resulta difícil creer que las comunidades persistirán a sabiendas de no encontrar respuestas a sus demandas. En el caso de los apoyos al sistema, en algunos casos el panorama cambia cuando las comunidades aceptan que aliándose a determinados grupos de poder podrán acceder a soluciones concretas.

El problema de la mediatización de los partidos políticos sobre los canales de participación es que la sociedad no ha madurado una cultura política orientada buscar las soluciones de sus propios problemas.

Se ha dado el caso que en ciertas circunstancias, ante una carencia, una necesidad o una limitación, algunos sectores sociales, en lugar de buscar sus propias soluciones a los problemas que los aquejan, exigen a las agencias oficiales que respondan. Ello muestra la poca capacidad de reacción que tienen ante situaciones adversas, la escasez de interlocutores válidos, la irresponsabilidad del Estado en crear espacios de participación y el exiguo esfuerzo por la consolidación de una cultura política madura.

Lo crucial es que en la gestión municipal una relación distante con la comunidad no puede traducirse en una experiencia democrática. El procesamiento de las demandas requiere de un permanente intercambio de las comunidades bien sea con el ejecutivo o con el legislativo locales. La satisfacción de necesidades de las comunidades no puede estar sujeta a negociaciones de intereses particulares en lugar de colectivos. Las soluciones en alguna medida deben ser producto del esfuerzo de la sociedad misma, pero si el sistema ha procurado que no se desarrolle una cultura de participación, es poco probable que pueda crearse sin contar con los mecanismos y condiciones mínimas.

Cuando el Estado a través de sus instituciones políticas toma decisiones y asigna recursos está generando políticas públicas, que afectan la vida de las comunidades, en el caso del municipio. ¿Cómo puede el sistema político impulsar medidas, estrategias y acciones que no encuentren resonancia en la propia sociedad?

Un reflejo de ello es el grado de conflictividad que se radicaliza en situaciones como aumento de tarifas de servicios públicos (caso del transporte público), prestación deficiente de servicios (agua, aseo urbano) y problemas graves como inseguridad personal, déficit habitacional, etc. El balance casi siempre es desfavorable a la gestión del municipio, salvo contadas experiencias, pues el criterio de eficiencia lo manejamos en sentido unidireccional.

La ciudadanía no puede salvar su responsabilidad al calificar la gestión municipal como ineficiente, olvidándose que su responsabilidad no se circunscribe exclusivamente a la manifestación de exigencias o elaboración de críticas. Todos los que convivimos en la ciudad, tenemos un nivel de compromiso tal, que la gestión exitosa del municipio no dependerá únicamente de la escogencia de nuestros alcaldes y concejales, también será ineludible asumir tareas en la identificación de problemas y la definición de políticas.

En cualquier sistema político, los actores que intervienen tienen un rol que desempeñar, las comunidades no pueden deslindarse del gobierno local, pero las instancias gubernamentales no deben seguir ignorando la necesidad de formar a los ciudadanos en una cultura política del compromiso, pues a ello se debe que tengan que llevar tan pesada carga.

Es por ello el incuestionable valor que tienen para una sociedad políticamente madura, formada en el ideal demócrata, el principio de la solidaridad. Si nos detenemos a pensar qué es lo que hace fuerte a las sociedades, no es otra cosa que la solidaridad, por supuesto acompañada de otros valores igualmente importantes. Si no existiese esa fuerza de cohesión, aún tratándose de solidaridad orgánica, en la que la conciencia colectiva orienta a los individuos en la búsqueda de la satisfacción de sus intereses individuales haciéndolos compatibles con los colectivos, la situación pudiera parecerse más a la anarquía.

Cuando un Estado no atiende las demandas de la sociedad, en los términos clásicos de eficacia y eficiencia, no queda sino actuar haciendo un frente común. Las comunidades organizadas han demostrado en tiempos recientes, que su capacidad de organización puede ser muy eficaz cuando se tienen claros los objetivos. Pero siguen siendo casos aislados, espasmódicos y reactivos. No debemos esperar que surjan los problemas para actuar en el escenario político. La sociedad civil, las comunidades, los actores sociales deben estar permanentemente monitoreando lo que sucede en su entorno y no esperar a que sean las agencias oficiales quienes tomen las decisiones que afectan la vida de la ciudad.

Como recomendación para el desarrollo democrático del gobierno municipal lo fundamental es comprender que la democracia es una forma de vida, es una actitud, un comportamiento que debe caracterizar a todos los ciudadanos de un país para que sea exitosa.

Y cuando hacemos referencia a todos los ciudadanos, estamos hablando de gobernantes y gobernados, lo que quiere decir que el rol de conducción de los asuntos de la ciudad, en el caso del poder local, no puede descansar solamente en la dirigencia política, pues se trata de una responsabilidad compartida. Por otra parte, la ciudadanía se ha acostumbrado a que son las instituciones quienes desarrollan un rol más activo, ausentándose de las discusiones que verdaderamente le interesan.

La cultura política democrática se manifiesta en el intercambio permanente entre los centros de decisión y los dirigidos. La justificación de nuestro modelo de relaciones se encuentra en que las instituciones políticas han preferido no estimular el desarrollo de un comportamiento participativo en la búsqueda de soluciones de las comunidades, para evitar la cesión de espacios de poder.

No es demasiado simplista pensar que un cambio de actitud pueda hacer de nuestras ciudades esferas para una verdadera convivencia; el desprendimiento de cuotas de poder, aceptando compartir espacios de decisión, pudiera marcar la diferencia de una ciudad ingobernable, sumida constantemente en el conflicto, porque si hay algo que obstaculiza la gestión efectiva de un gobierno, no es el respaldo político que preocupa a muchos gobernantes, es la aceptación de la gente de una gestión comprometida y la confianza, que se puede lograr mediante su participación en la formulación de políticas.


BIBLIOGRAFÍA

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* Publicado en: Revista Cuestiones Locales N° 2 Año 2002